Alimentación de los cinco mil

Medicaciones sobre los Evangelios Lucas J. C. Ryle

El día comenzaba a declinar, y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la multitud, para que vayan a las aldeas y campos de los alrededores, y hallen alojamiento y consigan alimentos; porque aquí estamos en un lugar desierto. Pero El les dijo: Dadles vosotros de comer. Y ellos dijeron: No tenemos más que cinco panes y dos peces, a no ser que vayamos y compremos alimentos para toda esta gente. (Porque había como cinco mil hombres.) Y Jesús dijo a sus discípulos: Haced que se recuesten en grupos como de cincuenta cada uno. Así lo hicieron, haciendo recostar a todos. Y tomando los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y los iba dando a los discípulos para que los sirvieran a la gente. Todos comieron y se saciaron; y se recogieron de lo que les sobró de los pedazos: doce cestas llenas.

– Lucas 9:12-17

Todo el milagro es un cuadro. Vemos en él, como en un espejo, algunas de las verdades más importantes del cristianismo. Es, en realidad, una gran parábola representada del glorioso Evangelio.

¿Qué es aquella multitud que rodeaba a nuestro Señor en el desierto, pobre, necesitada y sin alimento? Es una figura de la Humanidad. Somos una compañía de pobres pecadores en medio de un mundo malvado, sin fuerzas ni poder para salvarnos a nosotros mismos y en grave peligro de perecer por nuestra hambre espiritual.

¿Quién es aquel misericordioso Maestro que tuvo compasión de aquella multitud muerta de hambre en el desierto y que le dijo a sus discípulos “dadles vosotros de comer”? Es Jesús mismo, siempre compasivo, siempre bondadoso, siempre dispuesto a mostrar misericordia aun a los desagradecidos y a los malvados. Y no ha cambiado. Hoy sigue siendo el mismo que era hace diecinueve siglos. Arriba en el Cielo, a la diestra de Dios, mira hacia abajo a la inmensa multitud de pecadores muertos de hambre que cubren la faz de la Tierra. Sigue teniendo compasión de ellos, cuidándolos, sintiendo sus carencias y necesidades. Y continúa diciendo a sus seguidores creyentes: “He ahí la multitud, dadle vosotros de comer”.

¿Qué es esa maravillosa provisión que Cristo hace milagrosamente para la multitud que tiene delante? Es una figura del Evangelio. Aunque a muchos el Evangelio les parezca débil y despreciable, contiene lo necesario, y de sobra, para las almas de toda la Humanidad. Aunque la historia de un Salvador crucificado parezca pobre y despreciable a los sabios y prudentes, es poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree (cf. Romanos 1: 16).

¿Quiénes son aquellos discípulos que recibieron los panes y los peces de manos de Cristo y los llevaron a la multitud hasta que se saciaron? Son una figura de todos los predicadores y maestros fieles del Evangelio. Su trabajo es sencillo y, sin embargo, profundamente importante. Son los encargados de poner delante de los hombres la provisión que Cristo ha hecho para sus almas. No han sido comisionados para ofrecer nada inventado por ellos. Todo lo que entregan a los hombres debe proceder de las manos de Cristo. En la medida en que ellos llevan a cabo fielmente este cometido, pueden esperar con confianza la bendición de su Maestro. Muchos, sin duda, rechazarán siempre comer el alimento que Cristo ha provisto. Pero si los ministros ofrecen el pan de vida a los hombres con fidelidad, la sangre de aquellos que se pierden no se les requerirá de sus manos.


¿Qué estamos haciendo nosotros? ¿Hemos descubierto que este mundo es un desierto, que nuestras almas deben ser alimentadas con el pan del Cielo o morirán eternamente? ¡Felices aquellos que han aprendido esta lección y han saboreado por experiencia que Cristo crucificado es el verdadero pan de vida! El corazón del hombre nunca puede quedar satisfecho con las cosas de este mundo. Siempre está vacío, hambriento, sediento e insatisfecho hasta que acude a Cristo. Solo aquellos que escuchan la voz de Cristo, que le siguen y que son alimentados por Él por la fe serán “saciados”.


Ryle, J. C.. Meditaciones sobre los Evangelios: Lucas


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