Bajo el cielo de Ensenada

testimonio

Por Erick Santos publicado el 27/10/2014


Desde niño pensé que una vida en soledad era lo mejor. Vivir sin ataduras, sin responsabilidades, sin horarios, con la posibilidad de hacer lo que quisiera, cuando quisiera, donde quisiera y como quisiera, sin pensar en las consecuencias y sin remordimiento alguno.

Si consultas la definición de libertad en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española las primeras 4 definiciones de la palabra libertad son:

  1. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
  2. Estado o condición de quien no es esclavo.
  3. Estado de quien no esta preso.
  4. Falta de sujeción y subordinación.

En La Biblia, si buscas alguna referencia sobre la libertad puedes llegar a 1 Corintios 10:23 donde dice:

“Todo me es licito, pero no todo conviene, todo me es licito, pero no todo edifica”

Libertad es una palabra seductora, atractiva, es como miel al paladar del necio. Saber que puedes caminar por ahí sin ataduras, tanto físicas como espirituales, sin embargo, ¿cómo es que siendo libre puedes estar preso?

Creo que casi todo mundo ha visto la película the Matrix, la escena de la píldora azul y la píldora roja, el momento de la decisión de distinguir entre el sueño y la realidad, y cualquier decisión tomada en ese momento vendría acompañada de sus consecuencias y desenlace.

Versión en ingles (original)
Versión en español “pos hombre”

Para mí, al encontrar la palabra de Dios, leer la Biblia verso a verso, fue como tomar la píldora roja, poder salir de la Matrix. Empezar a comprender la verdad fuera de la ilusión de la libertad que he vivido en este mundo.

“Unfortunately, no one can be told what the Matrix is. You have to see it for yourself”

(“Por desgracia no se puede explicar lo que es Matrix, haz de verla con tus propios ojos”)

Por más que te prediquen, te digan y te traten de convencer, no sucederá nada hasta que estés dispuesto a verlo por ti mismo, ver cómo Dios obra y se manifiesta, cómo su creación fluye todos los días y cómo vivir lejos de su ley, deforma, como en la película, lo que estaba pensado para ser un paraíso.

Eso fue lo que pasó conmigo, vivir lejos de Dios y su ley me convirtió en eso: en una máquina más de la Matrix. Guiado por los motivos equivocados y buscando las cosas equivocadas, sin corazón, sin pensar en la gente que está a mi alrededor, primero mis dientes que mis parientes diría el refrán.

Pero cuando decidí verlo por mí mismo, atestiguar cómo Dios empieza a hacer su obra, cómo Jesús salva y cuando decidí dejar que Jesús me salvara, cuando vino frente a mí y cuando me empezó a hablar ¿qué hice? Decidí no escucharlo.

¿Cómo es posible que teniendo la posibilidad de terminar con el dolor, con las ataduras, con el pecado, mis oídos se negaran a escuchar Su dulce voz llena de alivio, llena de esperanza, llena de su promesa de amor y de vida eterna? ¡Porque era aún un esclavo de mi libertad! ¡Porque me resistía a dejar atrás mis viejas costumbres y andanzas! ¡Porque mi necedad era más fuerte que mi dolor y mi llanto! ¡Porque cuando me pidió que me arrodillara ante Él, no lo hice!

“No yerran los que piensan mal? Misericordia y verdad alcanzaran los que piensan el bien” — Proverbios 14:22

Cuando viajé a Ensenada a principios de este año, pude atestiguar la gran obra de Dios en ese lugar, cómo ha levantado cosas de la nada, cómo una casa hogar ayuda a niños que, literal, no tenían esperanza alguna. Niños que están o sin poderse mover, o con alguna deficiencia física provocada por sus mismos padres, padres irresponsables que casi terminan con la vida que ellos mismos trajeron a este mundo, padres cuyo amor hacia sus hijos no existe, padres lejos de Dios. Personas así pueden estar leyendo esto ahora mismo, o escuchando mi música, y ¿cómo estoy ayudando yo a que cosas así no pasen?

Pero aún siendo testigo de todo esto, seguí dudando, seguí en mi necedad y, de ver a Jesús frente a mí tratando de hablarme, vi como se alejaba, despacio, su fuerte luz se hacía tenue, alumbraba muy poco mi vida, las hojas de mi Biblia y mi caminar se hacía dudoso, torpe, como un zombie, tal cual he caminado toda mi vida sin esa luz, solo que ahora me empezaba a dar cuenta.

“Aunque majes al necio en un mortero entre granos de trigo majados con el pison. No se apartara el de su necedad.” — Proverbios 27:22

Todos los meses posteriores a este viaje, han sido evaluar, pensar, analizar, discernir, entender, bajo esa luz tenue que se iba alejando poco a poco…

Todas esta palabras pierden valor cuando empiezas a entender que si lees La Biblia verso a verso encontrarás todas las respuestas. Pero tienes que verlo por ti mismo, como la frase de la película, si no estás decidido y si no renuncias a tu necedad y a tus falsos conceptos, si no reconoces a quien pagó el precio por ti como el creador de todo lo que existe, entonces ¿qué es lo que verás por ti mismo?

De oído oiréis, y no entenderéis;
Y viendo veréis, y no percibiréis.
Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
Y con los oídos oyen pesadamente,
Y han cerrado sus ojos;
Para que no vean con los ojos,
Y oigan con los oídos,
Y con el corazón entiendan,
Y se conviertan,
Y yo los sane.
— Mateo 13:14–15

En mi experiencia de vida, vivir en libertad ha sido vivir preso, aún así, siempre hubo una tenue luz donde por lo menos podía ver en siguiente paso, y ahora cuando me toca dar el siguiente paso, estoy frente a un abismo, ya no hay suelo, ya no hay salida alguna, ya no hay marcha atrás, ya no hay ayer, solo escucho cómo aún crujen los pedazos de todo lo que quebré en mi paso por esta vida. Sí, a mi manera, siempre tramando algo, lleno de nostalgia y dejándolo fluir sin importar quién eres, mientras el diablo me ofrecía una casa en forma de pirámide.

Hoy frente al abismo, he decidido dar un salto de fe, esa fe que me hace creer firmemente en su palabra y su promesa de vida eterna, esa fe que me dice que Él ya pagó el precio por mi alma, esa fe la cual sembró en mi corazón bajo las estrellas del Cielo de Ensenada y poco a poco ha ido creciendo, esa fe la cual me hace aceptar Su palabra como la única verdad y respuesta a todas mis preguntas y hoy estoy frente a este abismo no como Erick Santos, ni como Piochaz, sino como está escrito en mi acta de nacimiento, como Erick de Jesús, dando este salto de fe a Su gloria infinita para no regresar nunca, agradecido por las cosas que ha hecho por mi aún en mi mala vida, cómo ha cuidado de mi, cómo me ha guiado aún en el caos para llegar a este punto.

Me divertí mucho en el patio de juegos, pero Papá vino por mí, es hora de regresar a casa, para ser un instrumento de las dulces melodías de su palabra de amor y de vida eterna, de redención y perdón, de amor al prójimo y a toda la creación, la cual le pertenece.

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”  — Gálatas 2;20


Originalmente publicado en soundcloud.com.


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