¿Cómo nuestras oraciones importan?

oración

Sabemos que Dios está en control de todas las cosas

... Yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a Mí, que anuncio lo por venir desde el principio. — Isaías 46:8

Eso nos puede lleva a pensar: ¿para qué orar? ¿por qué orar, si sabemos que Dios lo sabe todo y tiene un plan trazado para todo? de todas formas orar no hará que Dios cambie sus planes 😳

Pero aún así en Lucas 11:2-4 el mismo Jesús nos enseña a orar:

Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.

¿Por qué el mismo Cristo nos enseña a orar, si Dios tiene todo bajo control? ¿realmente tiene algún tipo de efecto nuestra vida de oración en el plan de Dios?

Bueno, miremos el libro de Nehemías en el capítulo 1. Israel está en cautividad. Dios lo sabe. Y la tierra de Israel, en particular el Reino de Sur (Judá, la ciudad de Jerusalén), está en ruinas. Versículo 3:

El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.

Dios sabe todo eso, de hecho, Dios se aseguró de que eso sucediera porque Dios trajo a los babilonios para que fueran sus ejecutores, para traer juicio contra Israel por la idolatría.

Pero observemos la respuesta de Nehemías en el versículo 4:

Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.

No cambió el dolor del corazón simplemente porque Dios sabía todo esto, y Nehemías sabía que Dios lo sabía, pero aún así, esto no cambió cómo Nehemías se sintió: lloró, ayunó y oró. Versículo 6:

Esté ahora atento Tu oído y abiertos Tus ojos para oír la oración de Tu siervo, que hago ahora delante de Ti día y noche, por los hijos de Israel, tus siervos.

Es como si le dijera a Dios

Dios, escúchame. Te estoy hablando. Abre Tus ojos y ve mi situación.

Demandaba ser oído por Dios, como muchas de las oraciones en el AT (Salmo 17:1, Salmo 27:7, Salmo 55, Salmo 102, Salmo 143). Las cuales son hasta groseras, pero hechas con denuedo y valentía... ¿alguna vez le has orado a Dios así?

La oración no tiene que ver con cambiar la mente de Dios. No tiene nada que ver con cambiar los planes de Dios. No tiene que ver con darle información que Él no tenga. No tiene que ver con cambiar las circunstancias que Él quizás no hubiera esperado. Simplemente tiene que ver con ser usado por Dios.

De todas formas, todo esto no aclara el por qué o para qué debemos orar, y la respuesta viene aquí porque Dios no sólo ha ordenado el fin sino que ha ordenado los medios para llegar al fin y es mucho más maravilloso ser parte del medio de Dios que cualquier otra cosa.

Así Dios no escatima a quién usar, Él tiene el control para usar a cualquiera, como sucedió con la misma Babilonia, o con el Cesar que declaró el censo para que Cristo naciera en Belén, hasta a los mismo judios y romanos para cruficicar a Jesús para nuestra salvación, y nuestra salvación por medio de nuestra fe y arrepentimiento.

Esa es la razón por la que la Biblia nos dice que oremos.

La oración es el medio mediante el cual la sabiduría infinita de Dios, Su poder infinito, y propósito perfecto son unidos para cumplir Su voluntad.

No podemos disfrutar de la bondad de Dios en esta vida sin participar en Su propósito que se desarrolla a través de nuestras oraciones y a través de nuestro servicio a Él. Y eso es lo que vamos a ver en esta historia:

Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? — Lucas 11:5-13

Aquí, resaltamos importunidad que significa: Incomodidad o molestia causada por una petición de alguien que generalmente es demasiado insistente.

Y esto es lo que Jesús nos enseña aquí, a orar así.

Es una ilustración perfecta de todos nosotros acercándonos a Dios y diciendo: "sé que es inapropiado interrumpirte porque sé que Tú estás coordinando todo el universo y tienes todas estas cosas que estás haciendo. Pero yo sólo necesito que te sientes y me escuches y veas esto y no te distraigas. Tengo algunas cosas que necesito…"

El mismo Señor Jesús nos está enseñando cómo ser invasivos, cómo ser atrevidos en nuestras oraciones.

Y, aunque el hombre de la historia le dio al otro lo que él quería no por motivos de amistad sino debido a su atrevimiento sin vergüenza, ¿qué es lo que Dios hará, Él que nos ama de manera perfecta?, ¿qué nos dará cuando vengamos a Su presencia?

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

No temas pedir, pide con valentía y atrevimiento. Pero no como en Santiago:

... no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.

Sino siempre de acuerdo con el Nombre de Dios, con el Reino de Dios, de acuerdo con la voluntad de Dios.

Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. — Jeremías 29:12-13

Entonces, la próxima vez que ores, pídele a Dios que escuche y vea y que no te dé la espalda y que oiga el clamor de tu corazón. Y conforme oras y Dios desarrolla y cumple Su propósito, estarás disfrutando la experiencia de haber sido parte de lo que Él cumple; y disfrutarás de Su bondad 😊.


Enseñanza tomada de: "Orar con valentía" en gracia.org


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