Convicción

Martyn Lloyd-Jones

Muchos, ante la pregunta “¿te consideras una persona buena”, solemos responder “Sí, claro!”, “No he hecho nada malo”, “No he dañado a nadie”. Solemos considerar nuestros actos como buenos mientras no sobrepasen cierto estándar moral.

Lo cierto es que, de alguna u otra forma, sabemos que hemos hecho cosas malas, no bien vistas ante los demás por pequeñas (según nosotros) que estas sean.

«Nadie es justo»

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;

No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios.

Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno…

…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios

— Romanos 3:10–12, 23

«todos pecaron» Te preguntarás ¿quienes son “todos”? Todos es todos, no existe algún ser humano que esté excluido de esto, ya sea judíos, chinos, hindúes, budistas, cristianos, ateos, NADIE.

“Pero, no he matado a nadie, ni he robado, ni violado” dirás. Detente. Deja de pensar en acciones específicas ¡Sólo son prejuicios! Tenemos aquella idea de que pecado son unas cuentas cosas malas y, ya que no las hemos cometido, no somos malos, no somos pecadores.

La cuestión es que no debemos comparar nuestras acciones con el actuar de los demás, sino enfrentarnos cara a cara con Dios y su ley.

La ley de Dios

Antes que nada, ¿qué es la ley de Dios? ¿acaso es solo un “No matarás” o “No robarás”? Esa no es la ley de Dios, al menos no en su totalidad. Hela completa aquí:

Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.

— Marcos 12:30–31

Olvídate de los ladrones y borrachos, drogadictos o prostitutas. La pregunta es la siguiente ¿amamos a Dios con todo nuestro ser? Si no es así, entonces somos pecadores. «Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios».

El hombre fue creado para vivir en comunión con Dios y glorificar su nombre, para conocer a Dios.

¿Conoces a Dios?

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

— Juan 17:3

La pregunta no es si se algún dato sobre Dios o si he oído hablar de Él, la pregunta es ¿conozco a Dios? ¿Estoy disfrutando de su presencia? ¿Cristo es el centro de mi vida y mi alegría?

Dios nos creó para tener una relación con Él, si no la tenemos estamos en pecado, ya que la esencia del pecado es no tener una relación con Él.

Claro que cuando pecamos vamos cavando más nuestro pozo, pero así fuéramos inocentes de todos los peores actos, seríamos culpables del terrible hecho de estar satisfechos con nuestra propia vida, de estar orgullosos de nuestros logros, despreciando a los demás y creyéndonos mejores que ellos, al pensar que estamos más cerca de Dios por ser más “buenos”.

El propósito

Y todo esto ¿a qué viene? A que si aún no has tomado conciencia de que eres pecador (al igual que yo por supuesto) tampoco lo has hecho acerca de la verdad de Dios ni de la verdad acerca de ti mismo. Por lo tanto serás incapaz de ser feliz, de experimentar esa felicidad inagotable que solo se encuentra en Cristo, esa que todos buscan.

Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.

… Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.

—Mateo 9:12–13

No digas que vas en busca de la felicidad sin antes llegar a la convicción y tomar conciencia del estado en que estamos, el pecado; de otra forma jamás tendrás el gozo verdadero.

«Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de vida gratuitamente»

Parafraseo de una parte del Cap. 2: “El verdadero Fundamento” del libro “Depresión Espiritual” escrito por D. Martyn Lloyd-Jones


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