Día en Día

Carolina Sandell Berg himno poema

Cuenta una historia que un día muy caluroso, se paseaban por las laderas de los campos un padre y su hijo. Renegando por los calurosos rayos de sol, el padre refunfuñaba a su hijo. Pasando un rato, el padre se detuvo bajo la sombra de un árbol, buscando algún refrigerio. Mientras meditaba, fue interrumpido por las dulces palabras de su chiquillo hijo, resultando la siguiente conversación:

  • Padre, ¿Puede un hombre vivir sin pecar un año?
  • No hijo, no puede.
  • ¿Puede un hombre vivir sin pecar seis meses?
  • No hijo, no puede.

Y así continuaron, hasta que llegó al minuto:

  • ¿Puede un hombre vivir sin pecar un minuto?
  • Tampoco hijo, no puede.
  • Y, entonces, ¿puede un hombre vivir sin pecar un segundo?
  • Pues… sí hijo, considero que sí puede…
  • Entonces, padre, ¡vivamos segundo a segundo!

Es consolador saber que en nuestra lucha, el Señor es un Fiel Compañero: segundo a segundo, minuto a minuto, de hora en ahora… día en día. Él nos tiene asidos fuertemente con Su Diestra de Justicia.

Y eso encontramos en este hermoso poema, salido de un corazón que pudo experimentar la fidelidad de Dios día a día, aun cuando muchos de esos días fueron matizados por el dolor.

Carolina Sandell Berg (1832–1903). A los doce años Carolina se quedó paralítica. Los médicos la desahuciaron, pero Dios la sanó milagrosamente. Agradecida con el Señor, escribió sus primeros himnos, entre ellos “Nuestro Dios y Padre Eterno”.

La tragedia no la había abandonado. A la edad de 26 años navegaba con su padre, un fiel pastor, en un lago de Suecia. Las olas sacudieron violentamente la nave y su padre cayó en las profundas aguas, ahogándose ante los ojos atónitos de Carolina. Su consuelo vino de nuevo por la Palabra de Dios, y lo expresó en muchos hermosos himnos.

“Día en día”, es el más popular de los 650 himnos que escribiera la poetisa sueca.

“Día en Día”  —  Carolina Sandell Berg

Día en día Cristo está conmigo;
Me consuela en medio del dolor,
Pues confiando en su poder eterno,
No me afano, ni me da temor.
Sobrepuja todo entendimiento
La perfecta paz del Salvador.
En su amor tan grande e infinito
Siempre me dará lo que es mejor.

Día en día Cristo me acompaña
Y me brinda dulce comunión.
Todos mis cuidados él los lleva;
A Él entrego mi alma y corazón.
No hay medida del amor supremo
De mi bondadoso y fiel Pastor.
Él me suple lo que necesito,
Pues el pan de vida es mi Señor.

Oh Señor, ayúdame este día
A vivir de tal manera aquí
Que tu nombre esté glorificado,
Pues anhelo honrarte sólo a ti.
Con la diestra de tu gran justicia
Me sustentas en la turbación.
Tus promesas son sostén y guía;
Siempre en ellas hay consolación


Fuente: Cantando con Gracia — Día en Día, Cristo esta Conmigo.


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