¿Dios me asegura prosperidad material o económica?

Dios prosperidad

En una iglesia clandestina:

«Tengo una televisión y, de vez en cuando, puedo recibir la señal de las estaciones. Algunas de esas estaciones transmiten reuniones de la iglesia. Veo a los predicadores vestidos con ropa muy bonita y predican en edificios muy bonitos. Algunos incluso me dicen que si tengo fe, yo también puedo tener cosas bonitas… Cuando vengo a nuestras reuniones, miro alrededor y casi todos nosotros somos muy pobres y nos reunimos aquí con mucho riesgo para nuestras vidas. ¿Esto quiere decir que no tenemos suficiente fe?»

¿Hasta qué punto hemos dado a conocer, de forma implícita o explícita, la idea de que la fe en Cristo es igual a la prosperidad en este mundo?

Es muy cierto que en el antiguo testamento Dios dijo al pueblo de Israel que si obedecían su ley los prosperaría materialmente, pero eso es una parte de la historia de Israel, no es el fundamento o la ley del cristiano.

No estoy diciendo que Dios haya cambiado, que antes prometió una cosa y que ahora cambió de parecer. No es que el Dios del Antiguo Testamento de algún modo fuera distinto al Dios del Nuevo Testamento o al de ahora. Más bien, el plan eterno de Dios se está desarrollando y Jesús, desde que vino, nos guía en la continuación de la historia de la redención, donde se ve afectada la relación entre la fe y la bendición material.

Veamos Marcos 10, en la historia del joven rico:

Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.
Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.

El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.

Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.

Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

— Marcos 10:17–22

Sin duda, Jesús estaba poniendo de manifiesto la devoción que tenía este hombre por sus posesiones. Seguir a Jesús implicaría una total confianza en Él, un abandono de todo lo que poseía el hombre. En esencia, el hombre rico necesitaba un nuevo corazón, uno que se transformara de manera radical por el evangelio.

Tampoco es que Jesús nos mande a todos a vender todas nuestras posesiones y seguirlo, pero en muchos casos así es.

y es aquí dónde debemos preguntarnos: ¿estamos siguiendo al Jesús de la Biblia o a un Jesús producto de nuestra imaginación que se moldea a nuestros propios intereses?

Recordemos que Dios no está para servirnos a nosotros, no somos el centro. Él es el centro, nuestro todo, nosotros le servimos a Él.

Entonces la pregunta es:

¿Estamos dispuestos a seguir a Jesús aunque eso signifique ir en contra de todo lo que nuestra cultura rica e incluso nuestros ricos vecinos religiosos puedan decirnos?

La verdad

Lo que Jesús le dijo al joven rico puede sonar duro, como un balde de agua fría, radical… pero, tal vez no te diste cuenta de algo:

Entonces Jesús, mirándole, le amó

Jesús amaba a ese joven rico, como nos ama a nosotros ahora. A todos los que estamos en Él, ricos y pobres, nos ama y, obviamente, quiere lo mejor para nosotros, y lo que le dijo al joven rico se lo dijo por amor a él, porque era lo mejor para él.

Nuevamente veamos nuestras biblias, en Lucas 12:

Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.

Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.

vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.
Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye.
Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
— Lucas 12:22–34

Creo que yo no podría decirlo mejor, ¡Jesús ya lo hizo!

¿Entonces qué? ¿seguimos afanados por el dinero o las posesiones, por los bienes materiales?

No demos cabida al afán de enriquecernos, que esto no llene nuestro corazón pues nos llevará a la destrucción:

Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción.  — 1 Timoteo 6:9

Recordemos Lucas 12. Dios sabe de qué tenemos necesidad y nos dará conforme a Su voluntad. No nos abandonará. Más bien, dejémonos guiar por Él y pongamos nuestro tesoro en Él. Como Él mismo dice:

Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.  — Mateo 6:33

¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

— Marcos 10:23

Dios tiene la capacidad de prosperarnos económicamente, sin embargo lo hace con la finalidad de que ayudemos al necesitado. Las posesiones materiales en sí mismas no son malas, nuestro corazón es el que idolatra y anhela más la riqueza que a Cristo incluso.

Y con esto te comparto una anécdota de John Wesley:

Wesley acababa de comprar algunos cuadros para su habitación cuando una de las criadas llegó a su puerta. Era un día de invierno y él se dio cuenta de que solo tenía un vestido liviano de lino para protegerse contra el frío. Buscó en el bolsillo algo de dinero para darle y que se comprara un abrigo, y se encontró con que le quedaba muy poco. Sintió que el Señor no estaba conforme con la manera en que había gastado su dinero. Se preguntó: «¿Mi Amo diría: “Bien hecho, buen siervo fiel”? ¡Has adornado las paredes con el dinero que podría haber protegido a esta pobre criatura del frío! ¡Ay, Señor mío! ¡Qué espanto! ¿Acaso estos cuadros no son la sangre de esta pobre criada?»

Cambiemos nuestra perspectiva de las riquezas y abramos los ojos a las necesidades del mundo que nos rodea.

Aprendamos a ponerle tope a nuestros gastos conforme a nuestras necesidades y ayudemos a los demás, no dando de lo que nos sobra, sino dándolo todo, así sea mucho o poco a la vista. Aprendamos a utilizar lo que tenemos de forma que le demos la gloria a Dios.

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Les digo la verdad, esta viuda pobre ha dado más que todos los demás que ofrendan. Pues ellos dieron una mínima parte de lo que les sobraba, pero ella, con lo pobre que es, dio todo lo que tenía para vivir».  — Marcos 12:41–44


Gracias por leer. Déjame un mensaje por si las dudas 😉