El Amor Marital debe ser Espiritual

Amor Matrimonio Puritanos Cristianismo

Continuando con nuestra serie sobre las opiniones de los Puritanos sobre el amor conyugal (v√©ase la introducci√≥n), llegamos al tema de la espiritualidad del amor conyugal, es decir, que debe ser en Cristo y de acuerdo con los mandamientos de Dios. El amor debe estar arraigado en la experiencia de estar igualmente unidos y unidos espiritualmente como creyentes. Richard Baxter (1615‚Äď1691) dijo que los maridos y esposas tienen la responsabilidad

‚Äúespecialmente de ser ayudantes de la salvaci√≥n de cada uno: estimularse uno al otro a la fe, al amor, la obediencia y las buenas obras: advertir y ayudarse mutuamente contra el pecado, y todas las tentaciones: unirse en la adoraci√≥n de Dios en la familia y en privado: prepararse unos a otros para el acercamiento de la muerte, y consolarse mutuamente en las esperanzas de la vida eterna‚ÄĚ (Practical Works, 4:¬†234).

Aunque el matrimonio es una institución universal ordenada por Dios para toda la raza humana, independientemente de si son salvos o no, el matrimonio cumple su propósito más profundo y alcanza su mayor estabilidad sólo cuando está fundado en la fe cristiana y el temor de Dios. Si se construye sobre la base arenosa de la belleza física o dones y talentos excepcionales, puede ser fácilmente soplado por alguna tormenta.

Los Deberes Espirituales del Esposo

El amor marital debe ser profundamente espiritual porque, como William Gouge (1575‚Äď1653) observ√≥, el matrimonio cristiano debe conformarse al patr√≥n de Cristo y Su iglesia. Como Cristo ama a Su iglesia, as√≠ el esposo debe amar a su esposa. √Čl debe amarla absolutamente (v. 25), con prop√≥sito (v. 26), real√≠sticamente (v. 27), y sacrificialmente (vers√≠culos 28‚Äď29). √Čl debe ejercer un ‚Äúamor verdadero, libre, puro, excesivo y constante‚ÄĚ a su esposa, nutri√©ndolo y cuid√°ndola como Cristo hace a su pueblo reunido (vers. 29) ( Of Domestical Deties, 31).

En su serm√≥n de la boda, Richard Greenham (c.1542‚Äď1594) encarg√≥ al novio:

T√ļ, hermano, debes aprender por esto a amar a tu esposa, como Cristo Jes√ļs am√≥ a Su esposa Su iglesia. Es decir, as√≠ como nuestro Salvador Cristo es muy paciente hacia ella, y mediante peque√Īas y pocas purgas, lava y limpia la corrupci√≥n de ella, as√≠ debes de la misma manera en toda sabidur√≠a usar los medios (y con una mente paciente esperar la enmienda de cualquier cosa que encuentres que est√° mal en tu esposa) para que las gracias del esp√≠ritu de Dios crezcan diariamente en ella. Por tanto, te encargo ante los ojos de Dios y sus √°ngeles, y as√≠ como responder√°s ante m√≠ y a los padres de esta mi hermana, delante del tribunal de Cristo, que as√≠ como la recibes virgen de sus padres, as√≠ no descuides ning√ļn deber por el cual su salvaci√≥n pueda ser promovida, para que puedas presentarla pura e irreprensible, en tanto dependa de ti, a Jesucristo cuando √Čl te llame a cuentas (Works, 291‚Äď92).

Tal amor de Cristo, dijo Gouge, servir√° ‚Äúcomo az√ļcar para endulzar los deberes de autoridad que pertenecen a un marido‚ÄĚ y as√≠ permitir que su esposa amada se le someta m√°s f√°cilmente (Of Domestical Duties, 94).

Los Deberes Espirituales de la Esposa

De la misma manera, la amorosa sumisi√≥n de la esposa a su esposo es una expresi√≥n limitada de su absoluta sumisi√≥n al Se√Īor Jesucristo. Robert Bolton (1572‚Äď1631) escribi√≥ que una esposa

‚Äúdebe, como un verdadero espejo, representar fielmente y volverse al coraz√≥n de su esposo, con una placidez dulce y agradable, los lineamientos exactos y las proporciones de todos sus deseos y demandas honestas¬†, y esto sin descontento, frustraci√≥n o amargura. Porque su sujeci√≥n en este manera debe ser como a Cristo, sincera, de coraz√≥n y voluntaria‚ÄĚ (General Directions, p√°g. 279).

Pero las mujeres conscientes tambi√©n deben recordar, escribi√≥ Isaac Ambrose (1604‚Äď1664), ‚Äúque tienen un marido en el cielo, as√≠ como en la tierra, entre los cuales hay una diferencia mayor que entre el cielo y la tierra; Y por lo tanto, en caso de que propongan cosas contrarias, deben preferir a Dios antes que al hombre, a Cristo delante de todos los hombres‚ÄĚ (Works¬†, 133).

Amor Mutuo

El amor del marido y la esposa debe ser gobernado y fortalecido por el temor del Se√Īor. William Whately (1583‚Äď1639) observ√≥,

Esta es la fuente de la mayor√≠a de los des√≥rdenes en la mayor√≠a de las familias: donde Dios no es temido, no puede abundar sino la profanidad y la impiedad en¬†‚Ķ toda la casa; donde las personas no aprenden el conocimiento y el temor de Dios, ¬Ņc√≥mo deben conocerle o temerle? Donde estas gracias est√°n ausentes, ¬Ņc√≥mo se puede encontrar algo m√°s que la groser√≠a, la obstinaci√≥n y la indiferencia? Ahora bien, dejad que todos los maridos y mujeres que temen a Dios tengan una sola mente en el Se√Īor, y no dejen¬†‚Ķ [de establecer] los ejercicios de la religi√≥n en sus casas (A Bride Bush¬†, 93. Cf. Jer. 10:25).

El amor mutuo es preservado y aumentado por ejercicios religiosos. El tiempo que pasamos juntos con Dios y en la adoraci√≥n de Dios ayudar√° a preservar el amor marital. Que el esposo y la esposa oren juntos, dijo Whateley; ‚Äúque se comuniquen entre s√≠ de su ciudad celestial, canten juntos un salmo y se unan a tales ejercicios religiosos; as√≠ tambi√©n sus corazones se unan ayunados y firmes a Dios primero, y as√≠ el uno al otro‚ÄĚ (A Bride Bush, 49). Pues al hacerlo, continu√≥, ‚Äúbrillar√°n rayos de la imagen de Dios, y se mostrar√°n en cada uno de ellos, y eso es hermoso y seductor, y los har√° amables el uno para el otro. Estos alimentar√°n el esp√≠ritu de santidad en ellos, y eso encender√° el amor‚ÄĚ (A Bride Bush, 49).

Las implicaciones espirituales del amor marital deben mover a la gente a elegir a sus c√≥nyuges cuidadosamente. William Secker (dc 1681) advirti√≥ contra la elecci√≥n de una esposa s√≥lo por su belleza: ‚ÄúSi la carne de una mujer tiene m√°s belleza que lo que su esp√≠ritu tiene del cristianismo, es como el veneno en los caramelos, m√°s peligroso‚ÄĚ (The Wedding Ring, A Sermon¬†, 266).


Este artículo fue originalmente escrito en Evangelio.blog por Joel Beeke



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