Él recibe a todos

Medicaciones sobre los Evangelios Lucas J. C. Ryle

Pero cuando la gente se dio cuenta de esto, le siguió; y Jesús, recibiéndolos, les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que tenían necesidad de ser curados.

– Lucas 9:11

Vemos en este pasaje la disposición de nuestro Señor Jesucristo para recibir a todos los que van a Él. Se nos dice que, cuando la multitud le siguió al desierto adonde se había retirado, “les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados”. Aunque esta intrusión podía parecer descortés y no se les había invitado, no fueron rechazados por nuestro Señor. Siempre estaba más dispuesto a dar instrucción de lo que las personas estaban dispuestas a pedir, y más dispuesto a enseñar de lo que la gente lo estaba a recibir enseñanza.

Pero el incidente, aunque parezca insignificante, concuerda exactamente con todo lo que leemos en los Evangelios acerca de la gentileza y condescendencia de Cristo. Nunca le vemos tratar a la gente según lo que merecen. Nunca le vemos escrutar las motivaciones de sus oyentes o rehusar permitirles aprender de Él porque sus corazones no fueran rectos a los ojos de Dios. Su oído siempre estaba dispuesto a escuchar, su mano a trabajar y su lengua a predicar. Nadie que viniera a Él sería echado fuera. Independientemente de lo que se piense de su doctrina, nunca podrá decir nadie que Jesús de Nazaret era un “hombre severo” (cf. Lucas 19: 21).

Recordemos esto en cuanto a nuestras propias almas en su relación con Cristo. Podemos acercarnos a Él con valor y abrirle nuestros corazones con confianza. Él es un Salvador de infinita compasión y ternura. “La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará” (Mateo 12: 20). Los secretos de nuestra vida espiritual pueden ser tales que no queramos que nuestro amigo más íntimo los conozca. Las heridas de nuestras conciencias pueden ser profundas, estar ulceradas y necesitar el tratamiento más delicado. Pero no tenemos por qué temer cosa alguna si lo entregamos todo a Jesús, el Hijo de Dios. Descubriremos que su bondad es ilimitada. Se verá que sus palabras son completamente ciertas: “Soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11: 29).

Recordemos esto, por último, en nuestra relación con otras personas si somos llamados a prestarles ayuda en cuanto a sus almas. Esforcémonos por andar en los pasos del ejemplo de Cristo y, como Él, ser amables, y pacientes y estar siempre deseosos de ayudar. La ignorancia de los jóvenes [espirituales] que se inician en la religión es a veces irritante. Tenemos tendencia a cansarnos de su inestabilidad e inconstancia y de sus vacilaciones entre dos opiniones. Pero recordemos a Jesús y no nos cansemos. Él recibía a todos, hablaba con todos y hacía el bien a todos. Vayamos y hagamos lo mismo.

Como Cristo nos trata a nosotros, así tratemos a los demás.


Ryle, J. C.. Meditaciones sobre los Evangelios: Lucas


Gracias por leer. Déjame un mensaje por si las dudas 😉