“Esto es mi cuerpo” y “Esto es mi sangre”

Santa Cena Eucaristía Meditaciones sobre los Evangelios Mateo J. C. Ryle

Mientras comían, Jesús tomó pan y lo bendijo. Luego lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciéndoles:

— Tomen y coman; esto es mi cuerpo.

Después tomó la copa, dio gracias, y se la ofreció diciéndoles:

— Beban de ella todos ustedes. Esto es mi sangre del pacto, que es derramada por muchos para el perdón de pecados. Les digo que no beberé de este fruto de la vid desde ahora en adelante, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.

Después de cantar los salmos, salieron al monte de los Olivos.

— Mateo 26:26–35

No hace falta decir que este asunto ha dividido a la Iglesia visible de Cristo. Ha sido la causa de que se hayan escrito muchos volúmenes de teología muy polémica; pero no debemos abstenernos de tener una opinión firme sobre el asunto porque los teólogos hayan discutido y disentido en cuanto a él. La ausencia de una opinión sólida a este respecto ha dado lugar a la aparición de muchas supersticiones deplorables.

El significado básico de las palabras de nuestro Señor parece ser este: “Este pan representa mi cuerpo. Este vino representa mi sangre”. Nuestro Señor no estaba afirmando que el pan que les estaba ofreciendo a sus discípulos era de veras, literalmente, su cuerpo; tampoco estaba afirmando que el vino que les estaba ofreciendo a sus discípulos era de veras, literalmente, su sangre. Aferrémonos con firmeza a esta interpretación; hay varias razones muy serias que la respaldan.

La conducta de los discípulos durante la Cena del Señor nos obliga a desechar la creencia de que el pan que recibieron fuera el cuerpo de Cristo, y que el vino que recibieron fuera la sangre de Cristo. Todos ellos eran judíos, y se les había enseñado desde su niñez a creer que era pecado comer carne junto con su sangre (Deuteronomio 12:23–25); sin embargo, no hay nada en la narrativa que indique que las palabras de nuestro Señor les sorprendieran. Es evidente que no percibieron ningún cambio en el pan ni en el vino.

Nuestros sentidos mismos, en este tiempo presente, nos obligan a desechar la creencia de que haya cambio alguno en el pan o el vino en la Cena del Señor; nuestro propio sentido del gusto nos dice que son verdadera y literalmente lo que parecen ser. La Biblia nos pide a veces que creamos cosas que sobrepasan nuestra razón, pero nunca nos ordena que creamos nada que contradiga a nuestros sentidos.

La verdad de la doctrina referente a la naturaleza humana de nuestro Señor nos obliga a desechar la creencia de que el pan de la Cena del Señor pueda ser su cuerpo, o que el vino pueda ser su sangre: “el cuerpo físico de Cristo no puede estar en más de un lugar al mismo tiempo”. Si era posible que el cuerpo de nuestro Señor estuviera sentado a la mesa y al mismo tiempo fuera comido por los discípulos, se deduce clarísimamente que no era un cuerpo humano como el nuestro. Pero esto no lo debemos aceptar ni por un instante. La gloria del cristianismo es que nuestro Redentor es un hombre de manera perfecta así como también es Dios de manera perfecta.

Por último, el tono mismo del lenguaje con el que nuestro Señor habló durante la Cena del Señor hace que sea totalmente innecesario interpretar sus palabras literalmente. La Biblia está llena de expresiones parecidas, a las que a nadie se le ocurre dar otro significado que no sea figurado. Nuestro Señor se describe a sí mismo como “la puerta” o “la vid”, y sabemos que cuando habla así, está utilizando símbolos y figuras; no hay, por consiguiente, incoherencia en la suposición de que utilizó un lenguaje figurado cuando instituyó la Cena del Señor. Y tanto mayor es nuestro derecho a afirmar esto cuando recordamos las serias objeciones que se oponen a la idea de una interpretación literal de sus palabras.

Guardemos estas cosas en nuestras mentes, y no las olvidemos. En estos tiempos de abundantes herejías es bueno estar bien armado. Las opiniones ignorantes y confusas en cuanto al significado del lenguaje de la Escritura son una de las mayores causas de error en materia de religión.


Extracto de Meditaciones sobre los Evangelios: Mateo de J. C. Ryle


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