La Esperanza

Colosenses Samuel Pérez Millos

Siendo Cristo todo, la esperanza suprema de alcanzar todo está en la presencia suya en cada uno de los que han creído.

El escritor de la Epístola a los Hebreos habla de la firme esperanza del cristiano a la que se aferra como un ancla que entra en la misma presencia de Dios (He. 6:18–19). Esto comprende y alcanza colectiva e individualmente a cada creyente. Sólo los que creen en Dios y creen a Dios tienen esperanza real. Los creyentes huyen del mundo para refugiarse en Cristo, el puerto de la esperanza. En esa huida hacia lo seguro, el creyente se aferra a la esperanza, descansando y sustentándose en ella, seguros de que Dios cumple lo que promete. Esta esperanza es el recurso necesario para superar las dificultades y seguir adelante en el camino hacia la perfección en el encuentro con Jesús. La esperanza cristiana está asegurada e inamovible en Dios mismo. Por un lado, la esperanza está firmemente establecida en el creyente, por otro está sujeta a Dios mismo. La esperanza es mucho más que promesas, es Cristo mismo. Cada creyente por fe ha sido unido vitalmente al Señor de manera que la vida ya gloriosa de Él es la vida comunicada del creyente. Siendo Cristo una realidad consumada, lo es también para cada uno de los que estamos vinculados con Él. De ahí que la presencia del Señor en cada uno de los suyos sea la esperanza de gloria conforme a Su propia enseñanza (Jn. 11:25–26).

La esperanza es conocida previamente por la proclamación del evangelio de la gracia. El verdadero evangelio bíblico es un mensaje de Dios que proclama esperanza al hombre por medio de la fe en Cristo… La esperanza que proclama el evangelio no es una transformación del hombre, sino una regeneración del pecador que cree. No se trata de mejorar a la persona, sino de hacerla nueva criatura.

El evangelio está siendo afectado abiertamente por el humanismo de nuestro tiempo. El mensaje que se llama evangelio es, en muchos lugares, una afirmación del poder del hombre para superar su situación espiritual y personal. Es un mensaje mentiroso que agrada a las gentes pero no salva al pecador. El evangelio de la esperanza humanista, es sencillo: “tu puedes”, pero es perverso, porque descansa en una autoestima falsa que abre un camino feliz pero que conduce irremediablemente al infierno. La verdadera esperanza del mensaje del evangelio habla de la condenación del hombre a causa del pecado, de la imposibilidad de que el ser humano haga algo para salvarse, de la depravación humana, en el sentido de incapacidad para obrar nada en relación con la salvación, es el mensaje que dice al hombre tu no puedes hacer nada para remediar la situación espiritual tuya, anuncia a un Dios que ama pero que es también justo, por cuya razón Su ira a causa del pecado se manifiesta en la condenación eterna del pecador, pero es esperanza porque presenta el único camino a la vida eterna que es Cristo mismo. Es un mensaje que proclama esperanza para el que cree, el perdón de pecados, la vida eterna, la justificación. Además, junto con esto, anuncia también la gloria venidera para el que crea.


Samuel Pérez Millos [Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento: Colosenses, p.81–83]


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