Los Puritanos y el Amor Marital

Amor Matrimonio Puritanos

Edward Taylor (c. 1642–1729), un pastor, médico y poeta de la Nueva Inglaterra Puritana, escribió: “Un nudo curioso Dios hizo en el Paraíso …. Era el nudo del amor verdadero, más dulce que la especia” (The Wedlock, and Death of Children, en The Poems of Edward Taylor, editado por Donald E. Stanford, editorial abreviado, 344). Los escritos de los puritanos están rociados con declaraciones de la dulzura del amor marital. Por “dulce” y “dulzura” querían describir “una experiencia, posesión o estado agradable o gratificante; algo que se deleita o satisface profundamente” (Diccionario de Webster). Ellos se deleitaban en el amor de Dios y en toda forma de amor ordenada por Dios entre la humanidad. En particular, se regocijaban en el amor compartido por el marido y la esposa, y llamaban a las parejas casadas a amarse románticamente, de todo corazón y con perseverancia.

Esto puede ser un choque para las mentes del siglo XXI; no mucha gente hoy usaría “puritano” y “amor” en la misma frase. Aunque los evangélicos se han vuelto mucho más conscientes de la herencia positiva de los puritanos, gracias a los estudiosos como J.I. Packer y su libro A Quest for Godliness, y la literatura producida por editoriales como Banner of Truth Trust y Reformation Heritage Books. La percepción cultural de los puritanos sigue siendo negativa, una percepción informada sólo por lo que los puritanos se opusieron. Un prominente diccionario define el sustantivo “puritano” primero como “miembro de un grupo protestante en Inglaterra y Nueva Inglaterra en los siglos XVI y XVII que se oponían a muchas costumbres de la Iglesia de Inglaterra”, y segundo, “una persona que sigue una reglas estricta morales y que cree que el placer es malo”. Rápidamente ignoramos que tal vez la frase más conocida jamás escrita por los puritanos es:

“El principal fin del hombre es glorificar a Dios y disfrutarlo para siempre” ** (Westminster Shorter Catecismo, preguntas y respuestas 1).

La visión puritana del amor marital fue abrumadoramente positiva porque era informada por la Biblia, la Palabra escrita del Dios que instituyó el matrimonio en el momento de nuestra creación y lo reguló por Sus mandamientos. Como Packer dice: “Ellos fueron a Génesis por su institución, a Efesios por su significado completo, a Levítico por su higiene, a Proverbios por su manejo, a varios libros del Nuevo Testamento por su ética, y, a Ester, Rut y Cantares para ilustraciones y exposiciones del ideal” (A Quest for Godliness, 263). Permitieron que las prácticas, los deberes y la ética del matrimonio fluyeran de la Escritura.

Todos los deberes de una pareja casada debían ser realizados con devoción, amabilidad y alegría (William Gouge, Of Domestical Duties, 85). En particular, los puritanos enfatizaron que el amor era el deber mutuo del marido y la esposa, de hecho, el deber fundamental del matrimonio. William Gouge (1575–1653) escribió: “Un afecto mutuo de amor debe pasar entre marido y mujer, o bien ningún deber será bien realizado: este es el fundamento de todos los demás” (Of Domestical Deties, 163). “En cuanto al amor,” dijo William Whately (1583–1639), que escribió dos libros sobre el matrimonio, *“es la vida, el alma del matrimonio, sin el cual ya no sería más, como un cadaver es un hombre; sí, es incómodo, miserable, y un muerto viviente”**. Whately describe el amor conyugal como “el rey del corazón”, de modo que cuando prevalece, el matrimonio es “una agradable combinación de dos personas en una sola casa, una sola búsqueda, uno solo corazón y una sola carne”* (A Bride-Bush, 7).

Whately observó:

“El amor es la vida y el alma del matrimonio, sin el cual difiere tanto de sí mismo como una manzana podrida de una en buen estado y un cadáver de un cuerpo vivo; Sí, en verdad es una sociedad muy miserable e incómoda, y nada mejor que una muerte viviente” (Whately, A Bride-Bush , 31).

De la misma manera, Henry Smith (1560–1591) declaró: “A menos que haya una unión de corazón y una fusión de afectos, no es matrimonio en hechos, sino en apariencia y nombre, y habitarán en una casa como dos venenos en un estómago, y uno estará enfermo del otro” (Works, 1:22). “Sin la unión de los corazones”, escribió George Swinnock (c. 1627–1673), “la unión de los cuerpos no será un beneficio” (Works, 1: 472). William Secker (dc 1681) bromeó, “Dos unidos sin amor, no son más que dos atados para hacerse unos a otros miserables” (The Wedding Ring, A Sermon, p. 263). Por lo tanto, Henry Scudder (1585–1652) aconsejaba a aquellos que estaban casados “amarse unos a otros como [sus] propias almas con un amor cristiano, puro, tierno, abundante, natural y matrimonial” (The Godly Man’s Choice, p. 72).

Con el fin de resumir las enseñanzas puritanas sobre el amor conyugal, consideraremos tres énfasis básicos:


Este artículo fue originalmente escrito en Evangelio.blog por Joel Beeke


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