Paciencia y longanimidad

Colosenses Samuel Pérez Millos

“fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad. Con gozo”

– Colosenses 1:11–12a

Paciencia, la paciencia tiene que ver con la capacidad que permite mantenerse firme bajo un peso. Es estar firme y perseverar en la fe bajo la situación adversa. Esta virtud permite ser perseverante en la fidelidad en cualquier tiempo de aflicción, sufrimiento y persecución.

Longanimidad, literalmente de un corazón grande. Es la capacidad para resistir sin tomar represalias ante cualquier provocación que venga de los hombres. Esa longanimidad se ve fortalecida por la esperanza, considerando las vicisitudes como algo transitorio que producen un mayor peso de gloria (2 Co. 4:17). La longanimidad no solo es una virtud humana, sino también un atributo divino que se atribuye a Dios (Ro. 2:4; 9:22), y se atribuye también a Cristo (1 Ti. 1:16). Esta virtud activada por el Espíritu Santo en el cristiano, se manifiesta en la actitud hacia las personas y no hacia las cosas.

Tanto la paciencia como la longanimidad son dones de Dios (Ro. 15:5; Gá. 5:22).

Pero no se trata de ser pacientes y longánimos mientras se vive con un corazón entristecido que manifiesta raíces de amargura. Dios que nos capacita para las virtudes citadas, lo hace también para que el gozo se manifieste en toda ocasión. El gozo no es del hombre o producto de su reflexión y disposición, sino el que produce el Espíritu en nosotros. Es la forma natural que corresponde a quien vive en Cristo. Jesús fue paciente y longánimo pero en los momentos de mayor tensión, humanamente hablando, cuando la Cruz se presentaba como algo inminente delante de Él, podía decir a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Jn. 15:11). La manifestación del gozo personal del Señor es posible en la vida cristiana por la acción del Espíritu Santo. Esto nos permite soportar las pruebas con gozo, cantando y alabando al Señor en medio del conflicto (Hch. 1625). El gozo es posible porque el cristiano sabe que todas las dificultades son conducidas por Dios a feliz término para ser bendición en su vida (Ro. 8:28). El gozo es la distinción fundamental entre la paciencia cristiana y la estoica.


Samuel Pérez Millos [Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento: Colosenses, p.104–105]


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