Acércate al Salvador

Jesus Open Arms

Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
— Hebreos 13:20–21

Una de las cosas que agradan a los ojos de Dios es que su pueblo siga acercándose a él por siempre jamás. Y por eso está trabajando en nosotros esta misma cosa.

Hebreos 13:21 dice que está haciendo esto "mediante Jesucristo", lo que significa, al menos, que Jesús ha comprado esta gracia para nosotros por su muerte y que Jesús ora y la pide al Padre sobre la base de esa muerte.

En otras palabras, cuando el escritor de Hebreos nos dice que acercarse a Dios es lo que nos califica para la obra salvadora eterna de nuestro Sumo Sacerdote, no quiere decir que nuestro Sumo Sacerdote nos deja solos en nuestra inclinación pecaminosa y resistencia natural, como si pudiéramos acercarnos a Dios por nosotros mismos. Más bien, nuestro Sumo Sacerdote intercede por nosotros y le pide al Padre que haga exactamente lo que Hebreos 13:21 dice que hará -obra en nosotros lo que es agradable a su vista- "mediante Jesucristo".

Permítanme ilustrar esto por la forma en que se veía cuando nuestro Sumo Sacerdote estaba en la tierra. En Lucas 22:31-32 Jesús dice a Pedro: "Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a tus hermanos". Así que Jesús ya estaba intercediendo por los suyos cuando estaba en la tierra. Y estaba orando para que la fe de Pedro -que su fe- nuestra fe- no fallara.

Además, estaba tan confiado en su oración por Pedro que dijo: "una vez que hayas regresado", no: "si vuelves". Así que aunque Pedro tropezó en la negación, su fe no falló completamente. Eso es lo que el Señor ora por nosotros. Esta es una pieza más de nuestra gran seguridad y esperanza en esta gran epístola de seguridad.

¿No es algo maravilloso en este tiempo de Adviento saber que Dios nos pide que vengamos? Que este Dios grande y santo de justicia e ira diga: "Acércate a mí por medio de mi Hijo, tu Sumo Sacerdote. Acércate a mí. Acércate a mí"?

Esta es su invitación en estas lecturas de Adviento: "Acércate a mí a través de tu Sumo Sacerdote. Acércate a mí en la confesión, en la oración, en la meditación, en la confianza y en la alabanza. Ven. No te echaré fuera." Porque Cristo "es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos" (Hebreos 7:25).


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