Amor profundo por nosotros

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:6-8)

Al reflexionar sobre el amor de Cristo para con nosotros, y las diferentes maneras en que la Biblia nos lo presenta, he visto cuatro maneras en que se revela la profundidad del amor de Cristo.

Primero, sabemos la profundidad del amor de alguien por nosotros por lo que le cuesta. Si él sacrifica su vida por nosotros, nos asegura un amor más profundo que si sólo sacrifica unos pocos golpes. Así que veremos la profundidad del amor de Cristo por la grandeza de lo que le costó.

Segundo, conocemos la profundidad del amor de alguien por nosotros por lo poco que lo merecemos. Si lo hemos tratado bien toda nuestra vida, y hemos hecho todo lo que él espera de nosotros, entonces cuando nos ame, no probará tanto amor como si nos hubiera amado cuando lo ofendimos, y lo rechazamos, y lo despreciamos. Cuanto más indignos somos, más asombroso y profundo es su amor por nosotros. Así que veremos la profundidad del amor de Cristo en relación a cuán indignos son los objetos de su amor (Romanos 5:5-8).

Tercero, conocemos la profundidad del amor de alguien por nosotros por la grandeza de los beneficios que recibimos al ser amados. Si nos ayudan a aprobar un examen, nos sentiremos amados de una manera. Si nos ayudan a conseguir un trabajo, nos sentiremos amados de otra manera. Si se nos ayuda a escapar de un cautiverio opresivo y se nos da libertad por el resto de nuestra vida, nos sentiremos amados de otra manera. Y si somos rescatados del tormento eterno y se nos da un lugar en la presencia de Dios con alegría y placeres para siempre, conoceremos una profundidad de amor que sobrepasa a todos los demás (1 Juan 3:1-3). Así veremos la profundidad del amor de Cristo por la grandeza de los beneficios que recibimos al ser amados por él.

Cuarto, conocemos la profundidad del amor de alguien por nosotros por la libertad con la que nos ama. Si una persona hace cosas buenas para nosotros porque alguien lo está obligando, y realmente no quiere hacerlo, entonces no creemos que el amor sea muy profundo. El amor es profundo en proporción a su libertad. Así que si una compañía de seguros te paga $40,000 porque perdiste a tu cónyuge, por lo general no te sorprendes de cuánto te ama esta compañía. Había condiciones legales. Pero si su clase de escuela dominical hace todas las comidas durante un mes después de la muerte de tu cónyuge, y alguien te llama todos los días y te visita todas las semanas, entonces tú lo llama amor, porque no tiene que hacer esto. Es libre y voluntario. Así veremos la profundidad del amor de Cristo por nosotros en su libertad: "Nadie me la quita [la vida], sino que yo de mí mismo la pongo" (Juan 10:18).

Para llevar esta verdad al límite, permítanme citarles un salmo que el Nuevo Testamento aplica a Jesús (Hebreos 10:9). Se refiere a su venida al mundo para ofrecerse a sí mismo como sacrificio por el pecado: "Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío" (Salmo 40:8). La máxima libertad es la alegría. Él se regocijó al hacer su trabajo redentor por nosotros. El dolor físico de la cruz no se convirtió en placer físico. Pero Jesús fue sostenido por la alegría. Realmente, realmente quería salvarnos. Para reunir para sí mismo a un pueblo feliz, santo, que alaba. Él mostró su amor como un esposo que anhelaba una novia amada (Efesios 5:25-33).


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Las lecturas son tomadas del libro de John Piper: Love to the Uttermost: Devotional Readings for Holy Week.
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