Cómo orar por nuestros líderes políticos

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Segunda marcha nacional desde lo alto en la plaza San Martín

Este año en Perú elegiremos a un nuevo presidente y nuevos congresistas. El año pasado fue muy duro políticamente, tuvimos tres presidentes y dos congresos y he sentido que todo este tiempo nos la hemos pasado quejándonos. Y sí, está bien protestar ante la corrupción y la injusticia pero ¿cuál es nuestro deber como cristianos en estas situaciones?

Pero Yo les digo: amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen, para que ustedes sean hijos de su Padre que está en los cielos; porque Él hace salir Su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.
— Mateo 5:44-45

Sí, creo que en estos tiempos vemos a la clase política como nuestros enemigos y como aquellos que nos maldicen, pero Cristo nos manda amarlos y orar por ellos... qué cosa tan dificil! pero no imposible en las fuerzas del Señor!

Así que algunos días atras me llegó a mi correo un artículo que comparte algunas sugerencias sobre cómo los cristianos podemos orar por nuestra nación, por nuestros líderes políticos y por nosotros mismos mientras perseguimos a Cristo a través de una cultura cada vez más política, que les comparto (y contextualizo) a continuación.

1. Oremos por nuestra propia paz y alegría en medio del cambio

Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocíjense! La bondad de ustedes sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús.
— Filipenses 4:4-7

La política combina de forma única los intentos de persuadir a los que no están de acuerdo contigo, así como la polarización/demonización de los que no están de acuerdo contigo. Así, la política puede ser adictiva porque todo se vuelve urgente. Si la persona equivocada gana o si el proyecto de ley correcto fracasa, nuestras mentes exageran significativamente las consecuencias. Así, la política es adictiva, consumidora y conduce a una vida vacía de alegría. Esto conduce a la ansiedad y a la pérdida de la alegría.

Esto se ve exasperado por la coyuntura actual y el caos de COVID. Ahora que se acercan las elecciones, pregúntate: ¿me estoy dejado absorber? ¿La política me roba la alegría? ¿Estoy ansioso por el futuro? Si es así, confiesa, arrepiéntete y vuelve a llevar tus pensamientos cautivos para el gozo del Señor. No hay mejor pasaje para meditar y orar con ese fin que Filipenses 4:4-7. Ora para que estos versículos marquen tu vida.

2. Oremos por nuestra propia sumisión al gobierno

Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí mismos. Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella, pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme. Porque no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo. Por tanto, es necesario someterse, no solo por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto también ustedes pagan impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto. Paguen a todos lo que deban: al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor.
— Romanos 13:1-7

En la mayoría de nosotros hay un poco del espíritu de "no me pisotées". En una nación nacida de la revolución, la sumisión al gobierno se trata a menudo como una debilidad, no como una virtud. Pero la Biblia describe la sumisión de una manera que la hace aún más fuerte que nuestro mundo. La sumisión da paso al respeto, y el respeto al honor. Dios llama a su pueblo a amar, honrar, respetar —y sí, incluso pagar— a quienes tienen autoridad gubernamental sobre nosotros. Hay un sentido en el que la democracia hace que esto sea difícil: es difícil para algunos respetar a los líderes contra los que votamos (o, para pensar en un ejemplo reciente, incluso a los líderes por los que votamos). Pero eso es lo que la Biblia nos llama a hacer.

Así que ora a Dios y pídele que te ayude a crecer en tu respeto por aquellos que tienen autoridad sobre ti. Esto es algo que sólo Dios puede hacer, así que ora para que lo haga.

3. Oremos por la conversión de nuestro líder político

Exhorto, pues, ante todo que se hagan plegarias, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos, testimonio dado a su debido tiempo.
— 1 Timoteo 2:1-6

Sorprendentemente, Pablo no desafía a los cristianos a "decir la verdad ante el poder" ni a tratar de corregir los errores del gobierno. En cambio, llama a los cristianos a llevar una vida pacífica y tranquila. A pasar desapercibidos. A, en cierto sentido, simplemente encajar, para que lo que destaque sea Cristo y no nosotros. Básicamente, debemos orar para que nuestros líderes políticos nos dejen en paz.

Pero Pablo va más allá de la oración para que el gobierno no se fije en nosotros. Llama a los cristianos a orar para que sus líderes gubernamentales se conviertan. Es cierto que Jesús vino por los humildes y los quebrantados. No hay muchos sabios a los ojos del mundo que se vayan a convertir (1 Corintios 1:26). Sin embargo, Dios desea que toda clase de personas se salven, ¡incluso los reyes! Ora para que Dios coloque a los cristianos alrededor de los líderes, así como colocó a Pablo alrededor de la casa del César (Filipenses 4:22).

4. Oremos por la moralidad de nuestro líder político

El hombre que después de mucha reprensión se pone terco,
De repente será quebrantado sin remedio.
Cuando los justos aumentan, el pueblo se alegra;
Pero cuando el impío gobierna, el pueblo gime.
El que ama la sabiduría alegra a su padre,
Pero el que anda con rameras malgasta su fortuna.
El rey con la justicia afianza la tierra,
Pero el hombre que acepta soborno la destruye.
El hombre que adula a su prójimo
Tiende una red ante sus pasos.
El hombre malo es atrapado en la transgresión,
Pero el justo canta y se regocija.
El justo se preocupa por la causa de los pobres,
Pero el impío no entiende tal preocupación.
Los provocadores agitan la ciudad,
Pero los sabios alejan la ira.
— Proverbios 29:1-8

Proverbios 29 expresa la realidad de que cuando una nación es gobernada por gente malvada, el sufrimiento aumenta. El paralelismo en este pasaje vincula el pecado del orgullo con el sufrimiento, la prostitución, el soborno, el discurso adulador y, en última instancia, la explotación de los pobres. Oremos para que en lugar de esos pecados, nuestros líderes se caractericen por la humildad, la rectitud, la sabiduría, la justicia y la compasión.

5. Oremos por nuestra confianza en la soberanía de Dios

Una voz dijo: «Clama».
Entonces él respondió: «¿Qué he de clamar?».
Que toda carne es como la hierba, y todo su esplendor es como la flor del campo.
Se seca la hierba, se marchita la flor
Cuando el aliento del Señor sopla sobre ella;
En verdad el pueblo es hierba.
Se seca la hierba, se marchita la flor,
Pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.
Súbete a un alto monte,
Oh Sión, portadora de buenas nuevas.
Levanta con fuerza tu voz,
Oh Jerusalén, portadora de buenas nuevas;
Levántala, no temas.
Dile a las ciudades de Judá:
«Aquí está su Dios».
Miren, el Señor Dios vendrá con poder,
Y Su brazo gobernará por Él.
Con Él está Su galardón,
Y Su recompensa delante de Él.
Como pastor apacentará Su rebaño,
En Su brazo recogerá los corderos,
Y en Su seno los llevará;
Guiará con cuidado a las recién paridas.
¿Quién midió las aguas en el hueco de Su mano,
Y con Su palmo tomó la medida de los cielos,
O con un tercio de medida calculó el polvo de la tierra?
¿Quién pesó los montes con la báscula,
Y las colinas con la balanza?
¿Quién guió al Espíritu del Señor,
O como consejero suyo le enseñó?
¿A quién pidió consejo y quién le dio entendimiento?
¿Quién lo instruyó en la senda de la justicia, le enseñó conocimiento,
Y le mostró el camino de la inteligencia?
Las naciones le son como gota en un cubo,
Y son estimadas como grano de polvo en la balanza.
Él levanta las islas como al polvo fino.
El Líbano no basta para el fuego,
Ni bastan sus bestias para el holocausto.
Todas las naciones ante Él son como nada,
Menos que nada e insignificantes son consideradas por Él.
— Isaías 40:6-17

Un pasaje como el de Isaías 40 nos hace alejarnos y tomar perspectiva. Hay 8 000 millones de personas vivas ahora, y dentro de 70 años casi todas ellas habrán desaparecido, y serán reemplazadas por otros 10.000 millones más o menos, la mayoría de los cuales vivirán en naciones como China, India, Indonesia, Pakistán, naciones sin un fuerte testimonio del Evangelio. Hay una sensación de inmediatez cuando nos centramos en nuestros propios problemas políticos que se disipa cuando miramos al mundo y al Señor.

La lectura y la oración de un pasaje como el de Isaías 40 nos hace apartar la vista de nosotros mismos y de nuestros propios hijos, y luchar con el hecho de que Dios es eterno. Él establece reyes y reinos, y hará que la historia se detenga de acuerdo con su propio calendario. La oración ferviente es lo que se necesita para escapar de la falsa inmediatez y la prepotencia que llena gran parte de nuestra cultura.

¿Qué pasajes o temas añadirías a esto? Hazmelo saber en los comentarios de abajo.


Fuente de la imagen: APnoticias

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