El amanecer de la alegría indestructible

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La alegría que Jesús trae al mundo no es como ninguna otra en la historia. Una vez que la tenemos, no puede ser destruida. Jesús dijo: "nadie os quitará vuestro gozo" (Juan 16:22).

La alegría que Jesús vino a traer es de fuera de este mundo. Es el mismo gozo que Jesús mismo tiene en Dios Padre, que ha tenido desde toda la eternidad y que tendrá para siempre. No hay mayor gozo que el que Dios tiene en Dios, porque Dios es el objeto más grande de gozo, y Dios tiene los poderes más grandes para disfrutar.

Jesús dijo: "os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto" (Juan 15:11). Su alegría era la alegría misma de Dios. Promete poner eso en nosotros. Eso es lo que hace el Espíritu Santo. Él derrama el amor de Dios en nuestros corazones (Romanos 5:5), y con él el gozo de Dios en Dios. "El fruto del Espíritu es amor, gozo...” (Gálatas 5:22). Esto es "gran alegría". Y no se puede quitar. Es indestructible.

Ah, pero te puedes quedar dormido. Sé que continuamente necesito despertarme. Especialmente cuando se acerca la Navidad. Somos propensos a ser aburridos, espiritualmente somnolientos, a medias, tibios. Así son los seres humanos, incluidos los cristianos, incluso en lo que respecta a las grandes cosas. Pedro lo sabe y escribe para "estimularnos" o para "despertar" a sus lectores para que no sólo conozcan, sino que también sientan la maravilla de la verdad. Pedro dice: "Y considero justo, mientras esté en este cuerpo, estimularos recordándoos estas cosas" (2 Pedro 1: 13). Sí. Es muy acertado. Porque, oh, qué mal, qué triste, cuando estamos ante grandes maravillas y no sentimos nada. Es justo, por tanto, que él escriba y escribamos para despertar y avivar nuestras afecciones para la mayor maravilla de todas: la llegada y la obra y la persona de Jesucristo, el Hijo de Dios, en este mundo.

Que el Espíritu de Dios use estas palabras para abrir de nuevo los ojos a las glorias de Cristo y darles un nuevo sabor de su gozo indestructible.

Este devocinal es tomado del libro The Dawning of Indestructible Joy: Daily Readings for Advent — John Piper


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