El arrepentimiento es un estilo de vida

¿Cuál fue el primer llamado de la trompeta de la reforma?

No fue la autoridad de la Escritura, con todo lo importante que esta verdad es. La Escritura es la misma voz, el mismo rostro y la revelación de Dios. Cuando una persona revisa las páginas de la Biblia aprende cómo piensa Dios, cómo actúa, cómo es Él, qué le interesa, pero la tesis “sólo Escritura” no estaba en el primer renglón.

Tampoco fue la justificación por fe, con todo lo crucial que es. Todos somos personas con trapos de inmundicia. Cristo es el jardín de luz y somos salvos por lo que Él hizo, por Su muerte y Su bondad. Somos salvos sin importar lo que somos y no por lo que hagamos. No tiene nada que ver con ritos religiosos ni con tener un listado de buenas obras o de conocimiento religioso o de experiencias místicas. Él descendió, lleno de gracia y verdad; la Palabra se hizo carne en el Cordero de Dios. Nosotros simplemente recibimos. Eso es crucial; pero la tesis “sólo fe” no fue la que hizo que se iniciara todo.

Tampoco fue el sacerdocio de todos los creyentes, con todo lo revolucionaria que esta verdad resulta. Imagine eso. No hay dos clases de personas, las religiosas que hacen cosas santas por medio de un llamado especial de Dios, y las masas de los laicos que laboran con esfuerzo en medio de la pobre vida de la realidad secular.

El “hombre de Dios” no está realizando el espectáculo de Dios ante una audiencia de transeúntes. Todos nos reunimos como pueblo de Dios para hacer la obra y adorar juntos, con diferentes dones. Nuestro Señor y Rey y aquellos que nos rodean hacen que sea posible una poderosa manifestación de la fe y el amor. Amén, eso es así, pero esta nueva y radical perspectiva de la iglesia no fue la primera tesis.

El llamado de la trompeta, la tesis número uno de las noventa y cinco tesis, fue a siguiente: “Cuando nuestro Señor y Maestro, Jesucristo, dijo: ‘Arrepentíos’, hizo un llamado para que la vida total de los creyentes fuera una vida de arrepentimiento”. Esa primera tesis de Lutero desmanteló toda la maquinaria de la religiosidad y nos devolvió a la realidad humana. Lutero vio e intentó recuperar la dinámica interna esencial de la vida cristiana, y es que ésta es un continuo proceso de cambio que involucra un movimiento de transformación constante que nos hace dirigirnos hacia Dios y alejarnos de la manifestación de otras voces, otros deseos y otros amores. Tenemos la tendencia a usar el término arrepentimiento en su sentido más limitado, para los momentos decisivos de conciencia, convicción, confesión y cambio; pero Lutero esa la palabra en su sentido más amplio e incluyente. Si estamos viviendo en Cristo, estamos siempre partiendo de un punto y dirigiéndonos hacia otro. Juan Calvino lo expresó de una manera semejante: “Esta restauración no se lleva a cabo en un momento o en un día o en un año… para que los creyentes puedan alcanzar esta meta (la gloriosa imagen de Dios), Dios los entrega a una carrera de arrepentimiento, la cual han de vivir a lo largo de todas sus vidas”. Toda la vida cristiana (incluyendo los momentos más específicos de arrepentimiento) sigue un patrón de alejarse de unas cosas para dirigirse al Señor.

Lutero pasó a describir la transformación que ocurre cuando vivimos pasando de un punto a otro:

Esta vida, por tanto, no se trata de la justicia sino del crecimiento en la justicia, no se trata de la salud sino de la sanidad, no se trata de ser sino de llegar a ser, ni del descanso sino del ejercicio. Aún no somos lo que seremos, pero estamos creciendo para llegar allá. El proceso aún no ha terminado, pero está avanzando. Este no es el fin pero es el camino. Aún no todo brilla con gloria pero todo está siendo purificado.

La santificación progresiva durante toda la vida fue el llamado de la trompeta para retornar a la fe bíblica. Fue un llamado a retornar a esta vida en la cual el Dios viviente está en la escena a lo largo de toda su vida. Él planeó una buena obra y de hecho la empezó. Él continúa desarrollando esa buena obra y la terminará porque ha apostado Su gloria para completar esa obra. El hecho de alargar la perspectiva de la batalla incrementa el valor que tiene nuestro Salvador en cada paso del camino. Aún no somos lo que seremos pero estamos creciendo para llegar a serlo.


David Powlison, Hacer todas las cosas nuevas: La Restauración del Gozo Verdadero para los Heridos a Nivel Sexual [Sexo y la Supremacía de Cristo, p.131–134]