El regalo que no se puede comprar

El regalo que no se puede comprar

El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos por manos de hombres, ni es servido por manos humanas, como si necesitara de algo, puesto que Él da a todos vida y aliento y todas las cosas
— Hechos 17:24-25

Dios no quiere que se le sirva de ninguna manera que implique que estamos supliendo su necesidad o apoyándolo u ofreciéndole algo que no le pertenece por derecho. "¿o quién le ha dado a Él primero para que se le tenga que recompensar?" (Romanos 11:35). "Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y todo lo que en él hay." (Salmos 50: 12).

Por lo tanto, simplemente no podemos negociar con Dios. No tenemos nada de valor que no sea ya suyo por derecho. No podemos servirle. Su auto nunca se avería. Nunca se queda sin gasolina. Nunca se ensucia. Nunca se cansa. Nunca se deprime. Nunca se queda atrapado en el trafico para no poder llegar a donde quiere ir. Nunca se siente solo. Nunca tiene hambre.

En otras palabras, si quieres lo que Jesús tiene para dar, no puedes comprarlo. No puedes cambiarlo por él. No puedes trabajar por él. Él ya es dueño de tu dinero y de todo lo que tienes. Y cuando trabajas, es sólo porque él te ha dado vida y aliento y todo. Todo lo que podemos hacer es someternos a su espectacular oferta de ser nuestro servidor.

Y esta sumisión se llama fe: la voluntad de dejarle ser nuestro Dios. Confía en que él sea el Proveedor, el Fortalecedor, el Consejero, el Guía, el Salvador. Y estar satisfecho con eso-con todo lo que Dios es para nosotros en Jesús. Eso es lo que es la fe. Y tener eso es lo que significa ser un cristiano.

La Navidad significa: el Dios infinitamente autosuficiente ha venido no para ser asistido sino para ser disfrutado.


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Imagen por unsplash-logoBen White