Jesús lloró

Esta semana estuve escuchando algunos podcast que tenían que ver con el gozo de la resurrección de Cristo y también con el llamado al sufrimiento que tenemos los cristianos. Obviamente no lo digo porque nos guste sufrir, si no en el sentido de que Dios usa el sufrimiento para transformarnos a su imagen, conforme a Cristo:

Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte.
— Santiago 1:2-4

Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.
Consideren, pues, a Aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra Él mismo, para que no se cansen ni se desanimen en su corazón.
— Hebreos 12:1-3

Y hablaban sobre que a veces para un cristiano decir que sufre es un tabú debido a que, siendo Cristo nuestro supremo gozo, ¿por qué habríamos de estar tristes? incluso ante acontecimientos de dolor. Eso sería ridículo ¿verdad? después de todo tendríamos que estar en victoria!

Ja!

Jesus lloró

Pero me gustó mucho escuchar en ambos podcast que, aún Cristo, siendo Dios, sufrió. No solo lloró sino que derramó gotas de sangre ante la pasión inminente.

Muchas personas piensan que cuando en el evangelio de Juan se menciona que “Jesús lloró” es porque sentía pena del pueblo de Israel de que no creyesen, o porque María y Marta, hermanas de Lázaro, le reclamaron y fueron dubitativas en cuanto a su fe en Jesús, pero, el doctor R. C. Sproul comparte lo siguiente:

¿Cuál fue la circunstancia que provocó el llanto de Jesús? ¿Por qué dice la Biblia que Jesús lloró? Si miras ese texto en el Nuevo Testamento, verás que la razón de las lágrimas de Jesús fue la muerte de su querido amigo Lázaro.

Fue cuando Jesús regresó a Betania y llegó a la casa de María y Marta, las hermanas de Lázaro. Jesús supo del fallecimiento de su hermano. Ustedes recuerdan cómo las hermanas estaban tan angustiadas y molestas y que se acercaron a Jesús y le dijeron: ‘si hubieras llegado antes, podrías haber evitado esto’.

Y luego Jesús continúa con esta maravillosa enseñanza sobre la resurrección diciendo: «Yo soy la resurrección y la vida». Y luego procede a caminar y va a resucitar a Lázaro de la muerte. Ahora, dada la visión de Jesús de la vida después de la muerte, dado el poder de Jesús sobre la muerte en todo su espíritu de triunfo, ¿cómo entendemos el hecho de que Él realmente pudo llorar por la muerte de Lázaro?

Cito ese pasaje por una razón. Una de las cosas que me aflige en la comunidad cristiana es que, de alguna manera, esta idea se ha infiltrado, de que está mal que los cristianos lloren; que está mal que los cristianos se duelan.

Y que cuando vamos a un funeral cristiano deberíamos ver a las personas que están allí, que acaban de perder a un ser querido regocijándose, sonriendo y celebrando la gloria de Dios porque su hijo, su esposo o su esposa ahora simplemente han pasado a la gloria; y, ¿no es algo maravilloso salir de este mundo e ir al cielo?

Bueno, sí, es maravilloso salir de este mundo e ir al cielo. Pero cuando Jesús fue al funeral de Lázaro lloró, porque se adentró en el dolor de una situación que viene de la separación. Sí, puedo alegrarme de que mis seres queridos hayan ido a un lugar mejor y a una situación mejor de la que disfrutaron en este mundo.

Pero aún así, yo, y aquellos que quedan atrás, tenemos que enfrentar la enorme carga de vivir sin la presencia aquí de alguien a quien amamos. Y esa es una ocasión para el dolor. Esa es una ocasión para el luto. Tenemos que aprender a llorar y permitir que las personas expresen su dolor.

Simplemente no es saludable fingir que no tenemos dolor cuando, de hecho, el dolor está carcomiendo nuestra alma. A veces creo que nos confundimos acerca de varias emociones. Si observan detenidamente el Nuevo Testamento, verán que hay ciertas emociones que tenemos la capacidad de expresar, pero vemos la desaprobación de Dios, Dios no las mira con agrado.

Por ejemplo: la amargura es una emoción destructiva. La autocompasión es una emoción destructiva. Podemos dañar nuestras almas y nuestras personalidades si nos rendimos a la amargura o la autocompasión. Ahora, tanto la amargura como la autocompasión a menudo están estrechamente relacionadas con el dolor.

Pero el dolor real, el luto real, el llanto y la expresión de un profundo dolor por la pérdida de algo que apreciamos es perfectamente legítimo. No hay nada en la Palabra de Dios que desapruebe la expresión de duelo o dolor.

Solo cuando ese dolor se convierte en amargura o lo alimentamos hasta tal punto que se convierte en oportunidad para la autocompasión, nuestro proceso de dolor se vuelve destructivo. Pero el dolor en sí no es malo. El luto en sí no es malo.

Y por eso les digo que, si experimentan la pérdida de un ser querido, no se avergüencen de llorar. No se avergüencen de ir a la casa de luto. Y me gustaría dejarte con esta instrucción. Quisiera que, si están en un grupo, se sienten y hablen entre ustedes y abran sus corazones al respecto. ¿Has pasado por situaciones en las que has sentido que no te permitían llorar, que no te permitían estar de luto? Hazte esta pregunta. ¿Cómo te sientes cuando están otras personas en una situación de duelo?

¿Quieres que se contengan o quieres que se expresen? ¿Qué esperas de ellos y por qué? Y luego, pongan las respuestas juntas, si pueden con un análisis a la luz de la enseñanza bíblica sobre el luto y el dolor.


Les dejo los podcast que escuché que me hicieron reflexionar sobre el tema del dolor:


Imagen por Scott Erickson

Comments