Dos preguntas que lo cambian todo

Paul Tripp

En el centro de toda filosofía o religión hay dos preguntas que lo cambian todo:

  1. ¿Cuál es el problema más grande y permanente de la gente?
  2. ¿Cómo se resolverá este problema?

La cosmovisión cristiana es muy clara y muy simple acerca de la primera: la respuesta es el pecado.

La Biblia nos dirige a mirar dentro de nosotros mismos y no fuera. Las Escrituras documentan y describen el caos que se produce cuando tratamos de establecer nuestros pequeños reinos claustrofóbicos, en lugar de vivir para el reino de Dios.

Lo más significativo es que la Palabra de Dios requiere que cada uno de nosotros aceptemos que, al nivel más práctico, el pecado distorsiona nuestros pensamientos, deseos, elecciones, acciones y palabras.

Y no hay absolutamente nada que podamos hacer para resolver este problema.

Al mismo tiempo, la misma Biblia nos presenta la narración de que hay esperanza y ayuda que encontrar. Admitir el pecado suena como una sentencia de muerte, pero no lo es. No podemos resolver nuestro mayor problema, pero hay un lugar donde se puede encontrar la solución.

La única esperanza para los pecadores es el perdón divino. Para decirlo con más fuerza, la única esperanza para los pecadores es que Aquel que está a cargo del universo es un Dios de perdón.

La conclusión es la siguiente: si Dios no está dispuesto a perdonar, estamos condenados. ¡Pero está dispuesto!

La historia que se abre paso a través de las páginas de la Biblia es una historia de la voluntad activa de Dios de perdonar. Él controla las fuerzas de la naturaleza y dirige la historia humana para llevar al universo al punto en que el Sacerdote Final —el Cordero Sacrificado, el Mesías, el Señor Jesucristo— venga a la tierra, viva una vida perfecta, y se dé a sí mismo como sacrificio por nuestros pecados.

Todo esto se hace para que nuestro problema más profundo —el pecado— encuentre su única solución —el perdón— sin que Dios comprometa su carácter, su plan o su ley de ninguna manera.

El contenido de la Biblia es la peor de las noticias (usted es un pecador) y la mejor de las noticias (Dios está dispuesto a perdonar). Sólo cuando estás listo para admitir lo peor, te abres a lo mejor.

Todo esto significa que tú y yo no tenemos que vivir en la negación y la evasión. No tenemos que jugar a juegos de lógica de auto-excusación con nosotros mismos. No tenemos que entregarnos a los sistemas de penitencia y auto-expiación. No tenemos que culpar a los demás. No tenemos que hacer nuestro camino hacia el favor de Dios.

Más bien, podemos venir a él una y otra vez tal como somos —defectuosos, quebrantados e inmundos— y saber que él nunca rechazará a nadie que venga a él y le diga: "Yo he pecado; ¿no perdonarás en tu gracia?

No hay pecado demasiado grande, no hay acto demasiado atroz, y no hay persona más allá de la esperanza. No hay ningún requisito de edad, género, etnia, ubicación o posición. La oferta es abierta y gratuita.

Sólo te pide una cosa: que admitas tu pecado y busques lo que sólo se encuentra en él: el perdón.

LEVÁNTATE, ALMA MÍA, LEVÁNTATE

Me encantan las palabras del himno clásico, "Arise, My Soul, Arise" de Charles Wesley. Tómate unos momentos extra para adorar sus versos hoy:

Levántate, alma mía, levántate; sacude tus temores culpables;
El sangriento sacrificio en mi nombre aparece:
Delante del trono está mi garantía, ...
Mi nombre está escrito en Sus manos.

Él siempre vive arriba, para por me interceder;
Todo su amor redentor, su preciosa sangre, para suplicar:
Su sangre expió a toda nuestra raza, ...
Y ahora rocía el trono de la gracia.

Cinco heridas sangrantes que lleva; recibidas en el Calvario;
Derraman oraciones eficaces; ruegan fuertemente por mí:
"Perdónalo, oh, perdónalo", claman.
"¡No dejes morir al pecador rescatado!"

El Padre lo oye orar, su amado ungido; no puede apartarse, la presencia de su hijo
Su Espíritu responde a la sangre, ...
Y me dice que nací de Dios.

Con Dios estoy reconciliado; oigo su voz perdonadora;
Él me posee por Su hijo; ya no puedo temer:
Con confianza me acerco ahora.
Y "Padre, Abba, Padre", lloro.

Que Dios te bendiga

— Paul David Tripp


Traducción de Two Questions That Change Everything


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