El perdón de Dios

perdón Dios La Razón de Dios Timothy Keller

“¿Por qué tuvo que morir Jesús? ¿No podía Dios sencillamente perdonarnos?”. Preguntas que muchos hacen, pero que ya hemos visto que nadie “simplemente” perdona cuando se trata de un mal mayor. Perdonar significa asumir el coste en lugar del trasgresor, y ello con un propósito de acercamiento en amor para restablecimiento y cambio de nuestros opositores. Todo aquel que perdona un gran mal sufre primero muerte para posterior resurrección, sufriendo por ello clavos, sangre, sudor y lágrimas.

¿Ha de sorprendernos entonces que cuando Dios determinó perdonarnos en vez de aplicarnos castigo por todas las ofensas que hemos cometido contra su persona y los unos contra los otros, que sufriera la cruz en la persona de Jesucristo hasta morir? Todo aquel que perdona asume en cierta manera los pecados ajenos. En la cruz, vemos a Dios haciendo de forma visible y al nivel cósmico aquello que todo ser humano ha igualmente de llevar a cabo para hacer efectivo el perdón, aunque a escala infinitamente mayor. Se podría, sin duda, argumentar que el perdón humano funciona de esa manera por ser nosotros reflejo inevitable de la imagen de nuestro Creador. Y esa es la razón por la que no habrá de sorprendernos que sintamos que la única posible forma de triunfar sobre el mal es asumiendo el sufrimiento que conlleva el perdón, y que eso sería además indicativo de mayor lealtad a Dios, cuyo sufrimiento para poder derrotar al mal, y con solícita actitud de perdón hacia los demás, es infinitamente superior al nuestro.

Es absolutamente crucial en este punto recordar que la fe cristiana ha comprendido muy bien siempre que Jesucristo es Dios. Lo que quiere decir que Dios no infligió dolor a nadie sino a sí mismo, asumiendo en la cruz el dolor, la violencia y el mal de la humanidad entera. Esa es la razón de que el Dios de la Biblia no sea en absoluto como las deidades primitivas que demandaban nuestra sangre para aplacar su ira. Muy por el contrario, se trata de un Dios que se hace humano y ofrece su vida para honrar la justicia moral y el amor misericordioso, y ello con el fin de poder destruir en el futuro todo mal sin destruirnos también a nosotros.

La cruz no es un mero ejemplo de bonito amor sacrificial. Malgastar la propia vida innecesariamente no es algo admirable, es una gran equivocación. La muerte de Jesús sólo fue un buen ejemplo si realmente fue más que eso, si fue en verdad algo absolutamente necesario para poder rescatarnos. Y lo fue. ¿Por qué tuvo que morir Jesús para poder perdonarnos? Había una deuda que pagar y fue Dios mismo quien la pagó. Había una penalización que asumir y Dios la asumió. El perdón entraña siempre un costoso sufrimiento.

Hemos visto el modo en que el perdón humano, y el coste que conlleva, proyectan una luz reveladora sobre el perdón divino. Perdón divino que es el fundamento y recurso definitivo para el perdón humano. El perdón humano es el perdón de Jesús a favor nuestro en la cruz lo que nos da tal seguridad acerca del amor de Dios y por ello es que podemos vivir una vida de servicio sacrificial a favor de otros.


Timothy Keller [La Razón de Dios, p.271–273]


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