La misericordia que promete

Misericordia

Pues os digo que Cristo se hizo servidor de la circuncisión para demostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas dadas a los padres, y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia — Romanos 15:8-9

Los dones de Dios son preciosos más allá de las palabras, y cantaremos de ellos para siempre. Pero los regalos más preciosos que se pueden imaginar no son fines en sí mismos. Todos conducen al mismo Dios. En última instancia, para eso son todos sus dones.

Tomemos el perdón, por ejemplo. Cuando Cristo se convirtió en nuestro siervo como rescate, quitó la maldición de la ley y la amenaza del castigo para todos los que creen. ¿Pero con qué fin? ¿Para que podamos disfrutar del pecado con impunidad? No. ¡Para que podamos disfrutar a Dios por toda la eternidad! El perdón es precioso porque nos lleva a la casa de Dios.

¿Por qué alguien quiere ser perdonado? Si la respuesta es sólo para alivio psicológico, o sólo para escapar del infierno, o sólo para tener más placeres físicos, entonces Dios no es honrado. Romanos 15:9 dice que el objetivo del servicio de Cristo es "que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia". Pero si explotamos el poder de Dios de la misericordia como un boleto para disfrutar del pecado, o incluso para disfrutar de la cosas inocentes, Dios no se gloría de eso. Dios recibe gloria por mostrar misericordia cuando su misericordia nos libera para verlo como el mejor regalo de su misericordia, como la persona más agradable del universo.

Así que es bueno para nosotros que Cristo haya venido a favor de la verdad de Dios, porque la esencia de la misericordia que él prometió era él mismo.

Es bueno para nosotros que Cristo vino en nombre de la verdad de Dios, porque su venida muestra que Dios es verdadero ante todo para sí mismo; y confirma las promesas de Dios, y que las promesas son promesas de misericordia; y muestra que la esencia de la misericordia que prometió es él mismo.

Este es el significado de su venida. Este es el significado de la Navidad. Oh, que Dios despierte tu corazón a tu profunda necesidad de misericordia como pecador! Y luego cautive tu corazón con un gran Salvador, Jesucristo. Y luego suelte tu lengua para alabarlo y tus manos para hacer que su misericordia brille en la tuya.


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