¡Nace un Salvador! Dios recibe la gloria, tú recibes la paz

Paz con Dios

Algunas de las palabras más familiares y felices de la Navidad son éstas:

porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Y esto os servirá de señal: hallaréis a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Y de repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios y diciendo: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace.
— Lucas 2:11-14

Regocijémonos juntos por las maravillas de este texto. En nuestro camino a la gloria y a la paz del versículo 14 hay maravillas que ver.

"Porque os ha nacido hoy..." Sucedió en un día. Un día en la historia. No un día en alguna historia mitológica o imaginaria, sino un día en que César Augusto era el emperador de Roma, "cuando Cirenio era gobernador de Siria" (v. 2).

Fue un día planeado en la eternidad antes de la creación del mundo. De hecho, todo el universo —con incontables años luz de espacio y miles de millones de galaxias— fue creado y glorificado para este día y lo que significa para la historia humana.

Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. — Colosenses 1:16

¡Para él! Por su aparición. Por este día de su aparición. "Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley" (Gálatas 4:4). Ocurrió en un día. El día perfecto. En la plenitud del tiempo. El tiempo perfecto señalado por Dios antes de la fundación del mundo. "Porque os ha nacido hoy".

"...en la ciudad de David..." Sucedió en una ciudad. No en Narnia. No en la Tierra Media. No en una galaxia muy, muy lejana. Ocurrió en una ciudad a unos ocho mil kilómetros de Minneapolis. La ciudad aún existe hoy en día. Esta ciudad es real.

El nombre de la ciudad es Belén (Lucas 2:4, "José subió de Galilea... a la ciudad de David que se llama Belén"). Belén, a seis millas de Jerusalén. Belén, la ciudad donde vivió Isaí, el padre de David, el gran rey de Israel. Belén, la ciudad sobre la que profetizó Miqueas:

Pero tú, Belén Efrata,
aunque eres pequeña entre las familias de Judá,
de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel.
Y sus orígenes son desde tiempos antiguos,
desde los días de la eternidad. — Miqueas 5:2

Sucedió en una ciudad. Una ciudad real, como la ciudad en la que vives.

Salvador, Mesías, Señor

"...un Salvador...". "porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador". Un salvador. Si alguna vez has pecado contra Dios, necesitas un Salvador. El ángel le dijo a José: "y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1:21). Sólo Dios puede perdonar los pecados contra Dios. Por eso Dios envió al Hijo eterno de Dios al mundo, porque él es Dios. Por eso Jesús dijo: "El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados". Por lo tanto, un Salvador nació.

"...que es Cristo...". "porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo". Cristo es la palabra inglesa para Christos, que significa "ungido", que es el significado de "Mesías" (Juan 1:41; 4:25). Este es el que fue predicho y esperado por mucho tiempo, el ungido sobre todos los demás (Salmos 45:7). El último rey ungido. El último profeta ungido. El último sacerdote ungido. En él todas las promesas de Dios son sí! (2 Corintios 1:20). El cumpliría todas las esperanzas y sueños del Israel piadoso. Y más, muchísimo más. Porque él también es...

"...el Señor". "porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor". El gobernante, el soberano, el Dios poderoso, el Padre eterno. El Señor del universo.

Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado,
y la soberanía reposará sobre sus hombros;
y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso,
Padre Eterno, Príncipe de Paz.
El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin
sobre el trono de David y sobre su reino,
para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia
desde entonces y para siempre.
El celo del Señor de los ejércitos hará esto. — Isaías9:6-7

La Navidad en resumen

El Señor del gobierno soberano, universal e interminable. El Señor de todos los señores.

  • En un día — en la historia real.
  • En una ciudad — en un mundo real.
  • El Salvador — para quitarnos toda la culpa.
  • El Cristo — para cumplir todas nuestras esperanzas.
  • El Señor — para derrotar a todos nuestros enemigos y hacernos seguros y satisfechos para siempre.

Así que me regocijo con ustedes en esta Navidad de que tenemos un gran Salvador, Jesús, el Cristo, el Señor, nacido en un día en una ciudad para salvarnos de nuestros pecados — nuestros muchos pecados.

Dos grandes propósitos para esta gran noticia

Y cuando el ángel anunció esta noticia a los pastores (Lucas 2:11) y les señaló el mismo cobertizo de animales donde yacía el bebé, de repente un ejército de ángeles apareció en el cielo. Evidentemente, un solo ángel puede traer la noticia, pero no basta con que un solo ángel responda a la noticia. El significado de esta noticia, el resultado final de esta noticia, exige un ejército de ángeles.

Y de repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios y diciendo:
Gloria a Dios en las alturas,
y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace. — Lucas 2:13-14

La alegre noticia de que en un día, en la perfecta plenitud del tiempo, en la perfecta ciudad profetizada, nació un Salvador, que era Cristo, el Señor; esa noticia tiene dos grandes resultados. Dos grandes propósitos. "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace!"

La gloria de Dios y nuestra paz

La venida de este niño será la más grande revelación de la gloria de Dios aun entre las alturas del cielo, y la venida de este niño traerá paz al pueblo de Dios —que un día llenará toda la tierra de justicia y paz. "El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin" (Isaías 9:7).

En primer lugar, Dios es glorificado porque este niño nace. Y, en segundo lugar, la paz debe extenderse por todas partes donde se reciba a este niño. Estos son los grandes propósitos para la venida de Jesús: la gloria siempre ascendiendo del hombre a Dios. La paz siempre descendiendo de Dios a los hombres. La gloria de Dios cantada entre los hombres por causa de su nombre. La paz de Dios vivida entre los hombres por causa de su nombre.

No hay mejor manera de resumir lo que Dios hizo cuando creó el mundo, o cuando vino a reclamar el mundo en Jesucristo: su gloria, nuestra paz. Su grandeza, nuestra alegría. Su belleza, nuestro placer. El punto de la creación y de la redención es que Dios es glorioso y significa ser conocido y alabado por su gloria por una nueva humanidad llena de paz.

Para experimentar la paz que Él trae

"¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace!" La antigua versión Reina Valera del 60 tradujo el verso 14b, "Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres". Prácticamente todas las traducciones modernas coinciden en que no fue una traducción exacta. La NVI dice, "y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad".

El punto es que aunque la oferta de paz de Dios va para todos, sólo su pueblo elegido —el pueblo que recibe a Cristo y confía en él como Salvador y Mesías y Señor— experimentará la paz que él trae.

Se puede ver este significado en Lucas 10:5-6, donde Jesús dice a sus discípulos: "En cualquier casa que entréis, decid primero: «Paz a esta casa». Y si hay allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; pero si no, se volverá a vosotros".

La paz de Dios en Cristo se ofrece al mundo. Pero sólo los "hijos de la paz" la reciben. ¿Cómo sabes si eres un "hijo de paz"? ¿Cómo sabes si eres parte de la promesa de los ángeles: "paz entre los hombres en quienes Él se complace"? Respuesta: tu recibes al pacificador; tu recibes a Jesús.

El punto principal de la paz

El propósito de Dios es darte paz siendo la persona más gloriosa de tu vida. Cinco veces en el Nuevo Testamento se le llama "el Dios de la paz" (Rom. 15:33; 16:20; Fil. 4:9; 1 Tes. 5:23; Heb. 13:20). Y Jesús dijo: "Mi paz os doy" (Juan 14:27). Y Pablo dijo: "[Jesús] mismo es nuestra paz" (Efesios 2:14).

Lo que esto quiere decir es que la paz de Dios, o la paz de Cristo, nunca puede ser separada del mismo Dios y del mismo Cristo. Si queremos que la paz reine en nuestras vidas, Dios tiene que reinar en nuestras vidas. Cristo debe gobernar en nuestras vidas. El propósito de Dios no es darle la paz separada de sí mismo. Su propósito es darte paz siendo la persona más gloriosa de tu vida.

Por lo tanto, la clave de la paz es mantener unido lo que los ángeles mantienen unido: gloria a Dios y paz al hombre. Un corazón empeñado en mostrar la gloria de Dios conocerá la paz de Dios.

Y lo que mantiene a los dos juntos —Dios obteniendo la gloria y nosotros consiguiendo la paz— es creer o confiar en las promesas de Dios obtenidas por Jesús. Romanos 15:13 es uno de esos textos fundamentales que señalan este papel crucial de la fe: "Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer". En el creer. En otras palabras, la manera en que las promesas de Dios se hacen realidad para nosotros y producen la paz en nosotros y a través de nosotros es "creer". Cuando nosotros créemos. Eso es cierto, ya sea que estemos hablando de paz con Dios, paz con nosotros mismos, o paz con los demás.

Tres relaciones de paz

Mi gran deseo para ti esta Navidad es que disfrutes de esta paz. Sabemos que hay aspectos globales de esta paz que se encuentran en el futuro cuando "la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas cubren el mar" (Haacuc. 2:14). Cuando, como dice Isaías, "El aumento de su soberanía y de la paz no tendrán fin" (Isaías 9:7).

Pero Jesús ha venido a inaugurar esa paz entre el pueblo de Dios. Y hay tres relaciones en las cuales él quiere que tú busques esta paz y que disfrutes de esta paz. La paz con Dios. Paz con tu propia alma. Y la paz con otras personas, tanto como está en ti.

Y por paz me refiero no sólo a la ausencia de conflictos y animosidad, sino también a la presencia de una alegre tranquilidad y a toda la riqueza de comunicación interpersonal de la que somos capaces.

Así que veamos brevemente cada una de estas tres relaciones pacíficas y asegurémonos de que estás disfrutando tanto como puedas. La clave de cada una de ellas es no separar lo que los ángeles mantuvieron unido: la gloria de Dios y la paz que anhelamos. "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz".

Paz con Dios

La necesidad más básica que tenemos es la paz con Dios. Esto es fundamental para todas nuestras búsquedas de paz. Si no llegamos aquí primero, todas las demás experiencias de paz serán superficiales y temporales.

El pasaje clave aquí es Romanos 5:1: "Por tanto, habiendo sido justificados por la fe [existe el acto crucial de creer], tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo". "Justificados" significa que Dios te declara justo ante sus ojos al imputarte la justicia de Jesús.

Y lo hace sólo por fe: "habiendo sido justificados por la fe" (Romanos 5:1). No por las obras. No por tradición. No por el bautismo. No por la membresía de la iglesia. No por la piedad. No por parentesco. Pero sólo por la fe. Cuando creemos en Jesús como el Salvador y el Señor y el tesoro supremo de nuestras vidas, estamos unidos a él y su justicia es considerada por Dios como nuestra. Somos justificados por la fe.

Y el resultado es la paz con Dios. La ira de Dios hacia nosotros por nuestro pecado se ha disipado. Nuestra rebelión contra él es superada. Dios nos adopta en su familia. Y de ahora en adelante todos sus tratos con nosotros son para nuestro bien. Nunca estará en contra de nosotros. Él es nuestro Padre y nuestro amigo. Tenemos paz. Ya no necesitamos tener miedo. Esto es fundamental para cualquier otra paz.

Paz con nosotros mismos

Y porque tenemos paz con Dios por ser justificados por la fe, podemos empezar a crecer en el goce de la paz con nosotros mismos; y aquí incluyo cualquier sentido de culpabilidad o ansiedad que tiende a paralizarnos o a hacernos desesperanzados. Una vez más, creer en las promesas de Dios con el fin de glorificar a Dios en nuestras vidas es la clave.

Filipenses 4:6-7 es uno de los pasajes más preciosos en este sentido: "Por nada estéis afanosos [lo contrario de la ansiedad es la paz], antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios [en otras palabras, echad vuestras ansiedades sobre Dios]. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús".

La imagen aquí es que nuestros corazones y nuestras mentes están bajo ataque. La culpa, las preocupaciones, las amenazas, las confusiones, las incertidumbres —todas ellas amenazan nuestra paz. Y Pablo dice que Dios quiere "guardar" nuestros corazones y mentes. Él los guarda con su paz. Él los guarda de una manera que va más allá de lo que el entendimiento humano puede comprender —"que sobrepasa todo entendimiento".

No limites la paz de Dios por lo que tu entendimiento pueda ver. Él nos da una paz inexplicable, una paz suprarracional. Y lo hace cuando le llevamos nuestras ansiedades en oración y confiamos en que él las llevará por nosotros (1 Pedro 5:7) y nos protegerá.

Cuando hacemos esto, cuando venimos a él —y recordamos que ya tenemos paz con él— y confiamos en él como nuestro amoroso y todopoderoso Padre Celestial para ayudarnos, su paz viene a nosotros y nos estabiliza y protege de los efectos incapacitantes del miedo y la ansiedad y la culpabilidad. Y entonces podemos seguir adelante, y nuestro Dios recibe la gloria por lo que hacemos porque confiamos en él.

Hazlo esta Navidad. Lleva tus ansiedades a Dios. Háblale de ellas. Pídele que te ayude. Para protegerte. Para restaurar tu paz. Y luego usarte para hacer la paz.

Paz con los demás

La tercera relación en la que Dios quiere que disfrutemos de su paz es en nuestras relaciones con otras personas. Esta es la que menos control tenemos. Así que tenemos que decirlo cuidadosamente como lo hace Pablo en Romanos 12:18. Él dice: "Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres".

Para muchos de ustedes, cuando se reúnan con la familia en Navidad, habrá algunas relaciones incómodas y dolorosas. Parte del dolor es muy antiguo. Y otros son nuevos. En algunas relaciones sabes lo que tienes que hacer, no importa lo difícil que sea. Y en algunas de ellas estás desconcertado y no sabes lo que el camino de la paz requiere.

En ambos casos la clave es confiar en las promesas de Dios con una conciencia sincera de cómo te perdonó por medio de Cristo. Pienso que el texto que más poderosamente reúne esto para mí una y otra vez es Efesios 4:31-32: "Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia. Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo".

Cultiva continuamente un sentido de asombro de que a pesar de todos tus pecados, Dios le ha perdonado por medio de Cristo. Asómbrese de que tenga paz con Dios. Es este sentido de asombro, que yo, un pecador, tenga paz con Dios, lo que hace que el corazón sea tierno, amable y perdonador. Extiende esto a otros setenta veces siete.

Puede que te lo devuelvan a la cara. Ciertamente fue arrojado en la cara de Jesús en la cruz. Eso duele, y puede amargarte si no tienes cuidado. No lo permitas. Sigue sorprendiéndote más de que tus errores sean perdonados que de que tú seas el culpable. Asómbrese de que tenga paz con Dios. Tienes paz con tu alma. Tu culpa es quitada.

Sigue confiando en Dios. Él sabe lo que hace. Guarda su gloria —no tu éxito o tu efectividad en la construcción de la paz o en tus relaciones— suprema en el cofre del tesoro de tu corazón.

Y entonces seremos como los ángeles: la gloria a Dios en las alturas es lo primero. La paz entre su pueblo es lo segundo.

"Porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor". Por eso vino un día, a una ciudad, como el Salvador, Mesías, y Soberano. Para que Dios recibiera la gloria y para que nosotros conocieramos la paz. Que el Dios de la paz te dé paz y recibas Su gloria.

Lucas 2:11-14


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