Ramas de palma, espinas y la tumba vacía

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Semana Santa

Al comenzar la Semana Santa, en la que recordamos el sacrificio, el sufrimiento y la resurrección de nuestro Salvador, es bueno entregarnos al duelo humilde y agradecido. Sí, deberíamos ser personas alegres porque tenemos en la redención que es nuestra en Cristo Jesús una razón eterna para alegrarnos. Pero a este lado de nuestro hogar definitivo, nuestro regocijo debería mezclarse con el luto al ser testigos, experimentar y, tristemente, ceder ante la presencia y el poder del mal.

Algo está mal en nosotros si podemos mirar a nuestro alrededor y mirar en nuestro interior y no lamentarnos. No hay que mirar muy lejos para ver que vivimos, trabajamos y nos relacionamos en un mundo que ha sido torcido y doblado por el pecado. La condición del mundo marcada por el pecado es evidente en tu corazón, en tu casa, en tu barrio y en tu iglesia. Lo vemos en el gobierno, la política, los negocios, la educación, el entretenimiento y el internet. En Romanos 8, Pablo capta la triste condición del mundo en tres frases provocativas que deberían romper nuestro corazón:

"sometido a la inutilidad" (v. 20) "su esclavitud a la corrupción" (v. 21) "en los dolores del parto" (v. 22)

El luto, aunque doloroso, hace algo maravilloso. Cristo enseñó en el Sermón de la Montaña que los que lloran son bienaventurados. Estas tristes realidades que te hacen llorar también te hacen clamar por la ayuda, el rescate, el perdón y la liberación de un Redentor. Jesús dijo que si lloráis, seréis consolados. No está hablando del consuelo de los sentimientos elevados. Está hablando del consuelo de la presencia y la gracia de un Redentor, que sale a tu encuentro en tu duelo, escucha tus gritos de ayuda, viene a ti con misericordia salvadora, y te envuelve con brazos de amor eterno. Es el consuelo de saber que estás perdonado, que has sido restaurado, que ahora vives en una relación reconciliada con el que te hizo, y que ahora vives con tu destino asegurado.

Llorar el pecado -pasado, presente y futuro- es el primer paso para buscar y celebrar la gracia divina que es la esperanza de todos aquellos cuyo corazón ha sido hecho capaz de ver por esa misma gracia. Por eso, es justo y beneficioso tomarse una semana del año para reevaluar, recalibrar y aclarar de nuevo los valores de nuestro corazón.

Durante estos próximos ocho días, que tu luto aumente para que tu alegría sea más profunda. Que gimas más para que reces más. Que tu tristeza encienda tu celebración. Y que todo esto resulte en bendiciones demasiado grandes y obvias como para perderlas.

Que Dios te bendiga, Paul David Tripp

  1. Domingo de Ramos
  2. Lunes
  3. Martes
  4. Miércoles
  5. Jueves Santo
  6. Viernes Santo
  7. Sábado Santo
  8. Domingo de Resurreción

Otros devocionales de semana santa:


Esta es una traducción del devocional por semana santa de Paul Tripp Palm Branches, Thorns, and the Empty Tomb: A free 8-day reading plan for Palm Sunday through Easter Sunday. Puedes suscribirte a su newsletter aquí).


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